viernes, 17 de abril de 2015

Símbolos Egipcios y su significado


 Los símbolos egipcios y su significado Cuarta Parte


PIEDRA (minerales y gemas)
Las piedras no constituyen una manifestación directa de la divinidad en sí misma, sino que fue el material que proporciona una función mágica asociada a ciertos dioses, siendo más que adoradas, utilizadas. Tanto es así que, por ejemplo, la turquesa noera Hathor, pero la diosa era “Señora de la turquesa”.

En este sentido, el material con el que se hicieron estatuas, sarcófagos, joyas y monumentos, no fue aleatorio y, cuando no era viable la utilización de materiales idóneos, se buscaban sustitutos similares que mantenían idéntica función simbólica.

La piedra más preciadas fueron, en general, monopolio real siendo el faraón quien determinaba que bloques, vasos, estelas, etc, se le asignaban a los nobles.

Alabastro egipcio

El alabastro que emplearon los antiguos egipcios es el que denominamos alabastro calizo, de muy buena calidad. Realmente se trata de una variedad de la calcita (carbonato natural de calcio cristalizado) y es más duro que el alabastro yesoso. Es translúcido, amarillento, semitransparente y veteado con suaves colores. Todas estas características no se daban en otros tipos de piedras lo que pudo llevar a vincularla con la pureza.
Desde el Reino Antiguo está citado en cantidad de fórmulas “tipo” de ofrendas. Mil panes, (mil) cervezas, (mil) bueyes, (mil) aves, (mil) ropas, (mil) “alabastros”... era lo que el difunto precisaba para surtirse en el Más Allá.
La calidad de los vasos egipcios en piedras duras -especialmente en “alabastro”- traspasó las fronteras del Valle del Nilo, siendo exportados (vía comercio fenicio) al Egeo y Mediterráneo Occidental.

Amatista


La amatista que se encuentra en Egipto es una variedad violeta del corindón. Se empleó para hacer vasos y muchos escarabeos por lo que pudo representar aspectos relacionados con el renacimiento en conexión con el sol de la mañana.

Se usó con frecuencia durante el Reino Medio aunque tenemos ejemplos de objetos tallados con amatista desde el Reino Antiguo.


Basalto

Es una roca magmática efusiva (roca volcánica) de extrema dureza y color negro, gris oscuro o verde. Por su naturaleza y color se relacionó con el Más Allá y con conceptos de renacimiento, utilizándose en sarcófagos, esfinges, vasos, en los suelos de los templos funerarios o como material de amuletos y estatuas.

Cornalina

Fue una de las piedras más utilizadas para la elaboración de amuletos. Es una variedad del ágata translúcida y su color puede variar desde el rojo oscuro al rojo claro e, incluso irisado de amarillo.
Simbolizó aspectos antagónicos: por un lado representó aquellos conceptos relacionados con los sentimientos coléricos, con deidades agresivas, con la aridez y la ira. Por el otro, representó la sangre como fuente de energía del ser humano, el dinamismo.


Estuvo relacionada con Hathor cuando tomaba su apariencia irritable (Sejmet), convirtiéndose en un valioso talismán protector gracias al cual el difunto adquiría la fuerza y la cólera necesaria para defenderse de sus enemigos potenciales en el Más Allá. Guardando idéntico sentido, se identificó con la llama abrasadora que defendía al dios de sus enemigos, bajo el aspecto de la diosa Mehyt.
Tanto esta piedra como el jaspe rojo (o cualquier otra piedra de este color) se excluía de la procesión que se realizaba con ocasión del Año Nuevo. Las piedras rojas –aunque también tuvieran connotaciones positivas y vitales- se consideraron potencialmente peligrosas. Siendo esta fecha cuando debían de regenerarse las fuerzas positivas del año los egipcios prefirieron, prudentemente, emplear otras piedras que evocaran conceptos más positivos, tales como el nacimiento y la fecundidad,.

Cuarcita

Es una roca metamórfica (roca silícea) compacta, resistente y dura que puede ser muy blanca si está compuesta exclusivamente de cuarzo o tener otras tonalidades (amarillo, rojo y blanco) si tiene además otros minerales. Según los textos procedía del Alto Egipto aunque sabemos que existió la montaña roja de Heliópolis, de donde Hathor era patrona.
Se relacionó con cultos solares, siempre que fuera de color amarillo o rojo, y se empleó con frecuencia para la construcción de piramidiones.

Diorita

Es una roca magmática intrusiva muy dura, con un color que puede variar desde el gris oscuro al negruzco.
Tenía connotaciones funerarias y estaba relacionada con la resurrección y con el cielo nocturno.
Parece que por alguna razón desconocida estuvo asociada a las diosas Satis y Anukis.

Esmeralda

La existente en Egipto pertenece a la familia de los berilos y es una variedad del corindón, formada por alúmina pura.
Esta piedra preciosa, empleada en contadas ocasiones y casi siempre en el periodo romano, en nada se parece a la esmeralda pura y pulida con la que estamos familiarizados puesto que tiene un color que varia del verde al verde amarillento, con un aspecto bastante opaco.



Aunque se denominó brgty los egipcios también la llamaron wAD.ti o wADwAD que significa “la más verde”.
Por su color podemos suponer que estaba relacionada con el renacimiento y la juventud.

Esquisto

Es una roca metamórfica (pizarra) homogénea y de grano fino que tiene un color verde oscuro con difuminados azulados o violáceos. Es homogénea y de grano muy fino característica que llamó la atención del hombre del predinástico el cual la utilizó para elaborar paletas geométricas o con aspecto de animal. Pudo tener un valor mágico y apotropaico.
Cuando procedía de la zona de Elefantina, por su color se asoció al dios Min.

Feldespato verde

El feldespato pertenece al grupo de aluminosilicatos naturales de potasio, sodio, calcio y bario.
Parece que el feldespato verde fue un mineral preciado sobre todo para la elaboración de amuletos. Suele estar asociado al “Uady” por lo que, sin duda, evocaba la juventud y el renacimiento.


Granito


Es una roca magmática intrusiva (plutónica) formada básicamente de cuarzo feldespato y mica. Puede ser de color blanco, gris claro, rosado, amarillento en masa y más raramente verdoso dependiendo de su color el simbolismo que los egipcios le aplicaron.

En general el granito se relacionó con la crecida anual del río y por alguna razón desconocida se le atribuía la cualidad de menguar la subida de las aguas cuando éstas crecían en demasía. Por ser el material con el que se hicieron los obeliscos y piramidiones, se relacionó con el sol entrando en el océano primordial Nun.
Fue utilizado masivamente en construcciones de carácter real o religioso, templos, naoi, obeliscos, etc, así como en estatuaria.

Hematite

Es un mineral de hierro, y como tal, tuvo unas fuertes cualidades mágicas (véase “hierro”) y representaba la fuerza que el fallecido deseaba poseer en el Más Allá para poderse defender de nefastas eventualidades y, por ser un mineral ferroso, le ayudaba en su ascensión al cielo. Se relacionó con el dios Seth.
Se empleó, sobre todo, para confeccionar amuletos que representaban reposa-cabezas.

Jaspe rojo
Es una calcedonia opaca de color rojo, variedad del ópalo que se presenta generalmente con una serie de vetas.


Suele emplearse para la elaboración de amuletos, sobre todo del nudo Tit, por tanto simbolizaba cualidades relacionadas con la vida y con la sangre que fluye por las venas, además de tener connotaciones solares. Se relacionó con Hathor-Sejmet, diosa que en Nubia era denominada “Señora o Dama del Jaspe Rojo”.

Los egipcios procuraron excluir cualquier piedra de color rojo en la procesión que se realizaba con ocasión del Año Nuevo ya que eran minerales potencialmente peligrosos por sus connotaciones coléricas. De este modo se sustituyeron por otros que evocaran conceptos más positivos.

Jaspe Verde
Es una calcedonia opaca, una variedad ferruginosa del sílice hidratado que puede denominarse falsa malaquita.

El simbolismo de este mineral es parecido al de la turquesa puesto que se relacionó con los primeros atisbos de luz en el amanecer, con la primera luz del comienzo de los tiempos que posibilitó el nacimiento de todo lo que nace, crece, se reproduce y muere.

Lapislázuli
Es un compuesto del grupo de la sodalita que forma agregados de granos pequeños o muy finos con inclusiones de pirita. Tiene color azul oscuro, aunque puede tener verdosa o violeta y el tono no siempre es uniforme. Posiblemente el lapislázuli de los egipcios procediera del actual Afganistán.

En Egipto el lapislázuli estuvo considerado casi tan valioso como la plata y el oro, y cuando no se podía obtener el mineral se “imitaba” con pasta vítrea. De hecho, en la lengua, existe el término “verdadero lapislázuli” para designar al mineral y diferenciarlo de las imitaciones que se hicieron de él.
Para los egipcios tenía un origen celeste y por su color azul intenso se relacionó con el cielo nocturno y con las aguas primordiales y en consecuencia con el renacmiento.
También tuvo connotaciones eróticas, amorosas e incluso parece que se utilizó como cosmético para los ojos, ya que tenía cualidades sanadoras.

Según la mitología, el cabello de los dioses estaba hecho de lapislázuli y simbólicamente hablando, ciertas divinidades eran de este mineral.

Algunas divinidades tuvieron conexión con los minerales. Vinculados al lapislázuli podemos encontrar a Hathor, en primer y destacado lugar, así como el pez Abdyu, Sokar, Min, Osiris y Amón, quien a veces ostentó el título de “Señor del Lapislázuli”.

Malaquita
Es un mineral de carbonato básico de cobre de color verde esmeralda.

Los egipcios conocieron dos tipos de malaquita (Shesmet y Uady). Ambas estaban vinculadas a la diosa Hathor o a alguna de sus formas locales. Concretamente la primera (Shesmet) se identificaba con la diosa Sheshmetet “Señora de la Malaquita”, así como con su hijo Horus (shesmty). En cuanto a la segunda (Uady) se relacionó directamente con Hathor, con Horus del Este y con Neith.. Cuando se referían a la malaquita, Uady, jugaban con un doble sentido ya que esta palabra también sirvió para designar al color verde por lo que se ponía en conexión con todo lo que este color congrega: juventud, alegría, etc. En este sentido, los llamados “Campos de Ialu” estaban considerados simbólicamente como “Campos de Malaquita” en cuanto a que eran un lugar deseable lleno de todas las cosas buenas y frescas que el difunto podía desear.

Obsidiana
Como el sílex, es un material duro y precisamente esta característica fue la que llevó a relacionarla con la permanencia y, por extensión se identificó con la magia y la eternidad.


Ésta fue la que Heródoto mencionó como “piedra etiopica” cuando nos habla de la momificación y de la incisión que se practicaba sobre el costado del fallecido para retirar por allí sus vísceras y, gracias las evidencias arqueológicas, sabemos que se empleó para hacer ciertos cuchillos que poseían propiedades mágicas y profilácticas. Es decir, que servían para realizar intervenciones menores (circuncisiones, corte del cordón umbilical, etc) para neutralizar los peligros propios de una infección.

Serpentina

Tenía propiedades mágicas y se utilizó, sobre todo, para objetos que sirvieran como protección contra animales venenosos, en especial las serpientes, ya que esta piedra tiene una veta en forma de ofidio.

Sílex

Denominado por los egipcios ds, se empleó desde el Paleolítico para confeccionar, entre otros objetos, ciertos cuchillos “especiales” utilizados en la medicina, en ciertas ceremonias (como el nacimiento o la “Apertura de la Boca”) o en la momificación. Su uso se mantuvo incluso cuando los egipcios sabían y podían emplear otros materiales.


Al igual que la obsidiana, la extrema dureza de este material hizo que se le atribuyeran poderes mágicos y, en opinión de Aufrère, se le relacionó con los “Guardianes de la Divinidad o de las Puertas del Más Allá”; que llevaban en las manos uno o dos cuchillos de sílex. Por estas mismas características se entendió que tenía la capacidad de durar eternamente sin alterarse, convirtiéndose en un símbolo de permanencia y eternidad. Se le atribuían toda suerte de poderes mágicos y protectores y también sirvió para repeler los males que podían amenazar en las intervenciones delicadas.

En el cuento en el que Horus corta la cabeza de su madre Isis, lo hace precisamente con un cuchillo labrado con este material.

Turquesa
La turquesa también fue una piedra empleada en joyería, poseedora de un alto valor simbólico por su color azul celeste lo que llevó a relacionarla con el agua, el medio por el cual se engendraba la vida.

Esta piedra no simbolizó las aguas caóticas del Nun, sino que representó las aguas ordenadas, la luz del amanecer y el cielo. Por ello se unió a Jepri, la forma del sol en el instante de su nacimiento en la mañana y se puso en conexión con conceptos de renovación, procreación, maternidad, etc. Quizá por ello a Hathor se la denominaba “Señora de la Turquesa”.



Cuando tenía un tono verdoso podía representar el color del crecimiento de las plantas y de la fertilidad, quizá por su relación cromática con a la vegetación. Por esta causa sirvió también para evocar la resurrección, planteada como una nueva vida en el Más Allá.

PILAR IUN
Fue símbolo de la ciudad de Heliópolis. Pudo ser un totem arcaico que recibió veneración y que fue epónimo de esta ciudad (Iunu). Aparece citado en los Textos de las Pirámides del Reino Antiguo, donde con frecuencia se observa su relación con una forma del rey muerto.
Estuvo relacionado con el toro Mer-ur puesto que ante el pilar se celebraban una serie de ceremonias que incluían su erección, denominadas “Erigir el pilar Iun” o “Erigir el Toro de Heliópolis”, así como la ofrenda de una cabeza de buey o de toro, la cual se colocaba en el extremo del estandarte.


Este emblema adquirió connotaciones astrales y sirvió para simbolizar la luna, asociándose en Época Tardía al dios Osiris. Su relación con la luna, entendida como representante nocturna del sol y como astro medidor del tiempo, llevó a correlacionarlo con el obelisco o la pirámide, símbolos del sol en el día.

Aparece en todos aquellos aspectos que simbolizaban el concepto de “pilar”, tanto físico como figurado, siendo por tanto uno de los soportes del cielo.

PIRÁMIDE
La pirámide es una construcción que tiene por base un polígono regular de cuatro lados; sus caras forman triángulos que convergen en un vértice a cierta distancia de la base. En Egipto las hubo muy altas, como es el caso de la erigida por Jufu (Keops) en la planicie de Guizah la cual tiene una altura de 146.59 metros, junto con otras de reducidas dimensiones, como por ejemplo la de Shepseskaf, en la necrópolis de Sakkara, que cuenta con tan sólo 18 metros. El vértice superior debía estar coronado por un piramidion monolítico, que podía estar inscrito con fórmulas solares (algunos no tienen texto alguno) y cubierto de oro, también un símbolo inequívocamente solar.

La cantidad de pirámides erigidas entre los Reinos Antiguo y Medio supera las 80; a todas ellas se les asignó un nombre de naturaleza mágica, que les daba personalidad propia, puesto que sin él simplemente no podían existir. “Grande es Jafra”, “Puros son los lugares de Userkaf” son algunos ejemplos de los apelativos que recibieron estas construcciones.

Una etimología hace proceder la palabra pirámide del griego pyramis, nombre que servía para designar una clase de torta que presumiblemente tenía un aspecto similar al de las pirámides egipcias. Para los habitantes del Valle del Nilo se denominó mer y fue el enterramiento tradicional de los monarcas de los Reinos Antiguo y Medio y, mucho tiempo después, de los reyes de Nápata y Meroe.

Sin embargo la pirámide no es simplemente un monumento funerario, sino que es un símbolo que atraía el poder y la energía solar en beneficio del difunto que en ella se inhumaba. Por otro lado, representaba la tierra primordial, es decir, rememoraba eternamente el nacimiento del sol y el surgimiento de la primera colina primigenia donde había comenzado la vida además de simbolizar los rayos del sol petrificados, cayendo sobre la tierra. De este modo, el difunto se asociaba al sol; al igual que éste había nacido en el promontorio, el difunto se beneficiaba de una regeneración eterna puesto que era una lanzadera que empleaba el fallecido para ascender al cielo. Tanto la forma escalonada de la pirámide de Dyeser como las pirámides de caras lisas de la Dinastía IV servían para ayudar al difunto a alcanzar ese cielo tan preciado en el que disfrutaría su eternidad, para alcanzar las estrellas circumpolares que nunca desaparecen, con las que deseaba fusionarse.
Pese a todas estas consideraciones, la pirámide no debe interpretarse como un edificio aislado, ya que forma parte de todo un complejo funerario. que, básicamente, tenían un Templo del Valle, una calzada y un templo funerario (adosado al enterramiento) así como una o varias pirámides subsidiarias que deben interpretarse en conjunto.

En opinión de Lehner podemos distinguir claramente dos tipos de complejos funerarios. Por un lado los desarrollados a partir de Dyeser, orientados Norte-Sur con la entrada a la pirámide en la cara Sur, con una “tumba Sur” para el Ka del rey (en lugar de una pirámide satélite) y con el templo funerario en la cara Norte o Sur de la pirámide. Por el otro estarían las pirámides construidas después de la de Seneferu en Meidum; en ellas la orientación es Este-Oeste, la entrada al enterramiento y el templo de la pirámide se trasladan a la cara Este y poseen una pirámide satélite para el Ka del rey. El templo está también en la cara Este. A simple vista se puede detectar cómo sobre todo en el primer tipo se vislumbran creencias estelares ya que la orientación de los distintos elementos no deja lugar a dudas. En el segundo tipo las tendencias solares son más patentes (aunque se mantengan concepciones estelares) y la orientación Este (donde nace el sol) y Oeste (por donde se pone) juega un papel primordial para las expectativas del difunto.

A partir de la pirámide de Unas (Dinastía V) los soberanos se inhumaron rodeados de una serie de textos mágico-religiosos que inscribieron en el interior de sus pirámides (antecámara y cámara del sarcófago). Estas fórmulas le garantizaban su resurrección y le protegían de cualquier fuerza negativa.
Durante el Reino Medio y el Segundo Período intermedio la pirámide siguió siendo utilizada como enterramiento real y en el Reino Nuevo sólo parecen haber existido al comienzo de la Dinastía XVIII con Ahmose; después, los soberanos abandonan la pirámide como lugar de inhumación y construyen sus moradas eternas al abrigo de la colina tebana, que de forma natural tiene un aspecto piramidal. En esta época la construcción de pequeñas pirámides permanece en aquellas que coronaron algunos enterramientos privados, manteniendo el simbolismo solar. La más antigua, hasta el momento se situó sobre la tumba de Hery, un personaje que vivió en tiempos de Amenhotep I.
Sólo en la lejana Nubia, los monarcas de Nápata (1.000-300 a.C) y Meroe (300 a.C-300 d.C) hicieron construir unas 180 pirámides de escala muy reducida, mucho más toscas, con un ángulo más agudo y con materiales perecederos, empleándolas como enterramiento y tipológicamente más cercana a las de los personajes privados del Reino Nuevo en Tebas.

PLACENTA

La presencia de la placenta como símbolo mágico dotado con grandes poderes, no sólo se circunscribe a Egipto sino que es un recurrente en otras culturas. Parece que la placenta estaba considerada como una parte importante del ser humano, símbolo del principio de vida, puesto que nacía con él y por ello recibía un tratamiento especial.


En Egipto se consideró la placenta desde tiempos remotos y en algunas tumbas se han hallado extrañas representaciones que pudieran reproducirla aunque esta interpretación está siendo muy debatida y nada hay concluyente hasta el momento. También se ha pensado que aparece en un objeto amorfo, con cierta tendencia circular, que se encuentra en los estandartes representados en las paletas del Período Predinástico. Prácticamente en todos los casos suele estar acompañada de otro estandarte que representa al dios Upuaut, “el Abridor de Caminos”, pudiendo estar ambos emblemas vinculados al trance del nacimiento.
La placenta del rey guardó una estrecha relación con el dios Jonsu, tanto es así que se ha propuesto la traducción del nombre de este dios como “placenta del rey”. Debemos tener en cuenta que al establecerse un paralelismo entre la esfera divina y la realeza, se entendió que tanto Jonsu como la placenta eran gemelos del monarca, siendo la última el gemelo que nacía muerto.
Algunos autores han querido ver en la placenta un objeto de veneración que se guardaba y se inhumaba junto al difunto en un enterramiento satélite.

PLATA

La plata fue un metal escaso que tuvo que ser importado ya que su sus yacimientos eran prácticamente inexistentes, convirtiéndose en un material muy preciado que superaba el valor del oro y el electrum en algunas épocas de la historia del antiguo Egipto.


Generalmente la plata procedía de Nubia y de Punt o era importada de Asia y, posteriormente, del Egeo, siendo todas de diferente pureza. Los egipcios llegaron a denominar a cierto tipo de plata “oro blanco”.
La importancia ritual del oro se manifiesta en un texto donde Dyehuty, Intendente del Tesoro de Osiris y orfebre, relata haber incrustado con oro y plata uno de los suelos del templo de Karnak y la barca Userhat de Amón.
Se relacionó con el material con el que estaban hechos los huesos de los dioses (la carne era de oro y el pelo de lapislázuli) y, por su color blanco, fue el símbolo de pureza vinculándose a dioses lunares de la talla de Jonsu y Thot, Iah y Anubis.

PLOMO
El plomo debió de gozar de un alto contenido mágico-simbólico puesto que aparece cubriendo un lugar tan peligroso como la incisión que se practicaba al realizar la momificación sobre el costado de la momia. Precisamente por esta incisión se sacaban las vísceras que se momificaban aparte, a excepción del corazón que debía permanecer en el interior del cuerpo.

Posiblemente su maleabilidad, su peso extremo y su color gris azulado, fuera lo que fascinó a los egipcios, otorgándole unas cualidades sobrenaturales y protectoras.
Quizá por su maleabilidad fue asociado a Osiris, empleándose para la confección de figuras de fertilidad (genios del Nilo).
Inexplicablemente también se utilizó en compuestos médicos.

PLUMA

Los motivos compuestos con las plumas se repiten en Egipto con frecuencia y, la mayor parte de las veces, éstas son plumas de avestruz o de halcón.


En el caso del avestruz no deja de ser curioso que se aplique un marcado simbolismo a las plumas de un ave que no vuela, ya que son éstas las que aparecen representadas con más asiduidad. Este hecho pudo ser consecuencia de la admiración que mostraron los egipcios (así como otras culturas) hacia la belleza del animal así como a su rapidez cuando corre, dando a sus plumas un sentido “único” y divino.
Las plumas de halcón parecen tener un simbolismo más claro ya que la divinidad que las posee (Horus entre otros) influenció en todas las esferas religiosas. Así, encontramos sus plumas sobre la cabeza de diferentes dioses, como por ejemplo Amón, Min, Jpris de Hieracómpolis, mientras que las de avestruz representan a Shu y, sobretodo, Maat. En ambos casos están relacionadas con el viento, con el cosmos y con dioses creadores y, cuando se sitúan sobre dioses masculinos, denotaban virilidad.
Como emblema de diosas, también se relacionan con aspectos de entidades relacionadas con la creación, el aire, el viento, el aliento vital, la justicia y por tanto la resurrección.
Igualmente aparecen sobre objetos sagrados, tales como los Cofres Meret, como ofrenda mágica en la Ceremonia de la “Apertura de la Boca” o sobre los estandartes de algunas deidades (Hathor de Occidente).
Como emblema divino, puede observarse actuando como contrapeso en la psicostasia del difunto, acto en el que se determina si ha sido justo en la tierra mediante la pesada de su corazón en una balanza.

Formando parte de ciertas coronas encontramos las plumas de avestruz en la Atef de Osiris así como en algunas que llevan los reyes desde, las reinas, algunas diosas y las Divinas Adoratrices sobre todo a partir de comienzos del Reino Nuevo, cuando las dos plumas se conectan con la iconografía solar. Es decir, a algunos tocados se les añade un disco solar y las plumas simbolizan los dos horizontes, a los dioses Shu y Tefnut, lo masculino y lo femenino en perfecta armonía y el poder de transformación.

En contextos funerarios también encontramos las plumas cubriendo sarcófagos reales, a partir del Segundo Período Intermedio, y privados durante el Reino Medio. Son los llamados sarcófagos rishi, término árabe que significa “emplumado”. Éstos se encuentran envueltos en su totalidad por plumas a excepción del rostro, el collar, y las plantas de los pies. De muy difícil interpretación, algunos autores creen que podríamos encontrarnos ante una forma de representar el “Ba”.
Asimismo la presencia de las plumas se mantiene también a través de diosas que protegen con sus alas el cuerpo del difunto y que hacen su aparición con Amenhotep III.

PUNTOS CARDINALES
El simbolismo de los puntos cardinales tuvo uno de los conceptos más claros en Egipto. El eje Norte-Sur estuvo relacionado con concepciones estelares -era el eje del río Nilo-, mientras que el Este-Oeste estaba identificado con creencias solares, estableciendo un paralelismo entre el nacimiento del astro (el Este) y la muerte y del mismo (Oeste).
Los puntos cardinales fueron el modo de simbolizar el cosmos por lo que en muchas ceremonias se lanzaban al viento cuatro aves para que comunicaran a todo ser viviente, y en toda la tierra conocida, las noticias de un acontecimiento concreto que el monarca había realizado.

Norte
Era el lugar donde a comienzos del Reino Antiguo se situó la entrada de la pirámide ya que en este punto se encontraban las estrellas circumpolares a las que el difunto esperaba fundirse.


El Norte también se relacionó con la diosa Uadyet, con el loto y con la Corona Roja. Generalmente en los templos se conservaba esta orientación para situar a las divinidades y a los símbolos (coronas, plantas heráldicas...) que pertenecían al Bajo Egipto.

Símbolo del Norte fue uno de los cuatro hijos de Horus, el dios Hapy que tenía cabeza de mono, así como la diosa Neftis. De hecho los vasos canopos que guardaban las vísceras momificadas del fallecido se orientaban según el dios que personificaba cada recipiente, siendo Hapy adscrito a los pulmones.

Sur
Era el punto donde se entendía que estaba el origen del mundo, es decir, el eje de la tierra y el lugar de donde manaban las aguas primordiales. Éstas fluían del interior de una cueva, localiza en la isla de Elefantina (Assuán) guardada por el dios Jnum y de allí procedía la crecida que cada año beneficiaba al país.

El Sur también estuvo relacionado con la diosa Nejbet, con el papiro, con el color blanco y con la corona del Alto Egipto.
Generalmente y siempre que era posible, en los santuarios se conservaba esta orientación para situar a las divinidades o a los símbolos (coronas, plantas heráldicas...) que pertenecían al Alto Egipto.
Símbolos del Sur eran el dios con cabeza humana Amset, uno de los cuatro hijos de Horus y la diosa Isis. De hecho los vasos canopos que guardaban las vísceras momificadas del fallecido se orientaban según el dios que personificaba cada recipiente. Esta deidad era la guardiana del hígado.

Este
Era el punto del renacimiento, el lugar donde el sol y el difunto amanecían cada mañana completamente rejuvenecidos después de haberse regenerado en el viaje nocturno en el Mas Allá.

En el Este era donde, generalmente, se construían las ciudades y donde a mediados del Reino Antiguo se colocó la entrada de la pirámide y el Templo Funerario.

Asociado a este punto cardinal estaba la diosa Iabet, vinculada al renacimiento del sol.
Símbolos del Este eran el dios con cabeza de chacal Duamutef (uno de los cuatro hijos de Horus) y la diosa Neith. De hecho los vasos canopos que guardaban las vísceras momificadas del fallecido se orientaban según el dios que personificaba cada recipiente. Duamutef era el encargado de velar el estómago.

Oeste

Es el punto por donde se produce la puesta de sol, el emplazamiento del Mundo de los Muertos y el lugar donde, generalmente, situaron las necrópolis.


Algunas deidades estaban asociadas a este punto cardinal; tal es el caso de la diosa Hathor en su forma de Amentit, que llevaba el titulo de “Señora de Occidente” encargada de la protección de los muertos aunque de forma subordinada, las divinidades de las necrópolis estaban también asociadas a este punto cardinal.
Símbolos del Oeste eran el dios Kebhsenuf, con cabeza de halcón, (uno de los cuatro hijos de Horus) y la diosa Selkis. De hecho los vasos canopos que guardaban las vísceras momificadas del fallecido se orientaban según el dios que personificaba cada recipiente, siendo Kebhsenuf el responsable del intestino.

RANA
La rana es otro de los animales que se encuentran en el panorama religioso del antiguo Egipto al llevarse al terreno de lo divino animales y objetos de la naturaleza. De hecho su nombre genérico (Qrr) es quizá la onomatopeya del sonido que emiten.


Ellas eran, junto las serpientes, eran las primeras que aparecían y se reproducían en los islotes que emergían tras la retirada de las aguas de la crecida del Nilo de una manera realmente prolífica. Su etapa de renacuajos y su transformación en batracios adultos no acabó de entenderse muy bien y se les asignó un simbolismo religioso de transmutación y renacimiento, de vida renovada, de generación espontánea puesto que se vincularon a lo ctónico y primordial.

Según la cosmogonía de la ciudad de Hermópolis, el grupo responsable de incubar el huevo de donde nació Ra (el Sol) eran estas ranas y estas serpientes (la ogdóada hermopolitana), siendo las ranas los miembros masculinos de estas parejas.

Como animal protector aparece representada en multitud de amuletos y en los llamados “marfiles o cuchillo mágicos”, unos objetos que guardaban a las mujeres proporcionándoles protección y fertilidad puesto que la rana fue responsable de que el embarazo de las mujeres llegara a buen término.

El renacuajo sirvió para escribir el número 100.000, es decir el que servía para designar lo “ilimitado”, la regeneración eterna y de la abundancia.
Fue símbolo del dios de la magia Heka y de la diosa del nacimiento Heket.
Finalmente, recordar su presencia iconográfica en contextos meroíticos, representada sobre vasijas tal vez como símbolo de presencia (permanente) de agua.

REJIT
El pájaro Rejit es un chorlito o avefría que se representó con cuerpo y cabeza de pájaro pero con brazos humanos, en muchos casos.

El significado del Rejit parece haber variado a lo largo de la historia. La piedra de Palermo identifica a los Rejit con los nomos del Oeste del Delta pero diferentes estudiosos opinan que en épocas remotas eran habitantes del Valle mientras que otros aseguran que son los invasores del Delta. En definitiva, el problema de los Rejit todavía hoy sigue siendo controvertido y aún no puede hacerse una valoración definitiva.
Lo cierto es que inicialmente el ave Rejit comenzó a representar a los enemigos del pueblo egipcio, a los pueblos conquistados y finalmente simbolizó simplemente al pueblo. Es de este modo como suele encontrarse en las partes públicas de los templos, indicando los lugares más exteriores y accesibles del santuario.

REPOSA-CABEZA
El Ueres o reposa-cabeza fue un utensilio rígido que los egipcios emplearon, al menos desde el Reino Antiguo, a modo de “almohada”.


Podían adornarse con una serie de símbolos, inscripciones o deidades que, de forma mágica, añadían poder al objeto y lo dotaban de una carga protectora puesto que facilitaba el sueño regenerador y evitaba que ningún genio o demonio pudiera amenazar a su usuario en uno de los momentos en que era más vulnerable.

El reposacabezas guardaba cierta relación con el Sol. Igual que éste se levantaba cada mañana de entre dos colinas, el difunto (o el vivo) hacía lo propio cada mañana. De hecho el aspecto que presenta nos recuerda a la curvatura de las dos montañas de donde tradicionalmente emergía el astro solar.

Realmente resulta extraño que un elemento tan incómodo pudiera servir realmente para dormir, sin embargo ciertos pueblos de África, como por ejemplo la etnia Shilluk del Sudán, utilizan una estructura similar, de madera, para evitar que durante la noche se estropeen sus elaborados peinados, realizados con motivo de ciertos rituales.

El reposacabezas también sirvió de amuleto y se reprodujo a escala reducida. De este modo tuvo varias funciones: sustituir al de tamaño natural, al que el difunto había empleado en vida, pero además orientar la cabeza del difunto, levantarla para la resurrección y protegerla de cualquier eventualidad, ya que una de las mayores preocupaciones era perder la cabeza en el Mundo Subterráneo.

SA
El amuleto protector Sa es uno de los símbolos cuya identificación es problemática. Dependiendo del autor consultado encontramos que pudiera ser una tienda de pastor de papiro enrollada (al menos en la Dinastía XVIII), un abrigo plegado de pastor que se usaba para proteger la espalda del viento o una especie de salvavidas de papiro. Ciertamente, lo que no cabe duda es que nos encontramos ante un elemento vegetal curvado hacia abajo con los cabos atados.

Fue un símbolo de protección por excelencia que aparece tanto solo como acompañando a las divinidades bienhechoras Tueris y Bes, así como compaña a otros símbolos mágicos como por ejemplo el Anj .
El Sa aparece con mucha frecuencia inscrito en los llamados “marfiles mágicos”, junto a otros genios protectores pero también se utilizó como elemento ornamental y profiláctico en objetos de joyería.

SACRIFICIO
El hallazgo de algunos cuerpos en los enterramientos del Periodo Tinita parecen apuntar que el sacrificio humano se realizó en Egipto aunque esta práctica desapareció muy pronto. Las razones bebieron tener que ver con la idea de que al fallecer el monarca necesitaba sirvientes y compañeros que le asistieran en el Más Allá al igual que lo habían hecho en vida.

En la tumba del Horus Aha (Dinastía I) se encontraron 34 pozos que podrían corresponder a otros tantos sacrificios de individuos que no excedían los 25 años y bajo el reinado de Dyer –cuando se produjo el mayor número de ejecuciones rituales- se hallaron más de 318 inhumaciones de siervos o servidores en las inmediaciones de su tumba en Abidos; de algunos de estos personajes se encontraron estelas, y corresponden a 76 mujeres, 11 hombres y 2 enanos. En la cámara funeraria de este rey se enterró también su esposa, inmolada a la muerte de su marido.
Todo parece indicar que las víctimas eran ejecutadas antes de ser introducidas en las cámaras funerarias que les servirían de morada eterna.

Al finalizar la Dinastía II este tipo de sacrificios desaparecieron definitivamente siendo reemplazados por la reproducción mágica de éstos sobre los muros de las tumbas o por estatuillas de sirvientes, portadores/as de ofrendas, carniceros, panaderos... y posteriormente en las mal llamadas maquetas. También con esta utilidad se incluyeron, a partir del Reino Medio unas figurillas mágicas denominadas Usheties.

Los “Textos de las Pirámides”, del Reino Antiguo, recogen mitos, costumbres y tradiciones que se remontan a la Prehistoria. En ellos existen ciertos pasajes, que se han venido denominando “Texto Caníbal” en los que el monarca se come a los dioses; quizá sea una reminiscencia de ciertos ritos remotos o quizá una licencia para expresar de forma metafórica el poder que alcanza el rey a su muerte y la fuerza que posee para defenderse en el Más allá.
Otro tipo de sacrificios que acontecieron en el Valle del Nilo y se mantuvieron hasta el final de la civilización fueron aquellos que incluían animales. Mediante la inmolación de los mismos se conseguían varios objetivos, entre ellos la eliminación del mal personificado por un genio maléfico o un enemigo potencial. Esto se hacía mediante la ofrenda a un dios determinado de una animal concreto que era de su agrado o, simplemente, gracias a la presentación de alimentos animales que servían para el sustento de los dioses primero (éstos se nutrían de su esencia) y de los sacerdotes después (la parte material de los mismos).
En la ceremonia de la “Apertura de la Boca” se sacrificaba un buey, al que se le arrancaba la pata delantera. Ésta se aproximaba a determinadas partes del cuerpo del fallecido para que pudiera tomar, de forma mágica, el poder y la fuerza del animal difunto.
Otros sacrificios de animales eran aquellos que se llevaban a cabo bien para interpretar a partir de sus vísceras en los oráculos o bien un simulacro de este sacrificio, realizado gracias a la reproducción mágica en cera de su efigie, que más tarde era consumida por el fuego.
Algunos restos de los animales sacrificados se aprovechaban para hacer ciertos objetos, tales como vestidos de piel de Orix o escudos de la concha de la tortuga.

SALIVA
Según la cosmogonía heliopolitana, el dios Atum, tomando conciencia de sí mismo, creó con su saliva a la primera pareja de dioses formada por Tefnut (la humedad) y Shu (el aire). También gracias su saliva el dios Thot pudo curar el Ojo herido de Horus, entendiéndose que así se producía el fenómeno físico del crecimiento de la Luna .

En este sentido es inevitable poner en conexión esta secreción del cuerpo humano con los actos de creación y de sanación llevados al ámbito divino quizá por el conociendo inconsciente de las cualidades alcalinas de la saliva, que engloba a las bacterias, las pone en suspensión y facilita su expulsión.

SANGRE

Como es lógico, la sangre en todas las civilizaciones antiguas se consideró vital para el ser humano dándole un protagonismo especial y convirtiéndolo en símbolo vital. De este modo, adquirió un poder mágico-sanador y se relacionó con el vino y la cerveza, empleados en el tratamiento mágico, por ejemplo, de las picaduras de escorpión. Así, dioses relacionados con el vino y su proceso de producción también se relacionaron con la sangre desde el momento en el que un individuo pecador que había fallecido podía correr el riesgo de ver su cabeza exprimida para obtener vino.

La mitología egipcia nos presenta distintos relatos en los que la sangre juega un papel crucial, tanto es así, que en una leyenda nos transmiten algo que no suele ser habitual: la creación de la humanidad y en ella hacen responsable de esta creación a una gota de sangre del dios Ra brotada del su falo al ser circundado. Pero la sangre como protagonista de la creación se repite también en los árboles: el cedro, había surgido gracias a la sangre de Gueb, el dios de la tierra.


SARCÓFAGO
Palabra griega (Sarkophagos) adoptada por el latín (Sarcophagus) que significa “que se come el cuerpo”, en sentido figurado. No deja de llamar la atención que los egipcios lo llamaran “al señor de la vida” puesto que se entendió como una morada para el fallecido que acogía su cuerpo momificado e incorruptible eternamente, un microcosmos donde se introducía el fallecido. Así su tapa se relacionó con la bóveda celeste y en consecuencia con la diosa Nut mientras que la caja, es decir el lugar donde reposaba el cuerpo, puso en conexión con el dios de la tierra Gueb, lográndose la participación y la fusión del difunto en el cosmos.

Sin embargo, los primeros difuntos egipcios no fueron inhumados en sarcófagos. Por aquel entonces los difuntos se enterraban directamente en la arena -que actuaba como deshidratador natural-, conservándolos a la perfección. Entre finales de Nagada III y comienzos de la Dinastía I, las tumbas fueron más complejas y los cuerpos de los difuntos empezaron a estar expuestos al aire por lo que se hizo necesario añadir un elemento para protegerlos que, en principio, fue la envoltura en una piel animal.

La evolución de la tumba y de la protección del muerto continuó a lo largo del Período Tinita cuando se introdujo la costumbre de utilizar unos recipientes cerámicos a modo de huevos y después pequeños sarcófagos rectangulares de madera, donde el cuerpo se colocaba en posición contraída. De forma intermitente en la Dinastía III (con más frecuencia en la Dinastía IV) aparecieron los tradicionales sarcófagos -más largos que los anteriores- para que el cuerpo del fallecido pudiera estirarse, como respuesta a una necesidad: poder acceder al abdomen en el proceso de la momificación para practicar la incisión por donde se sacaba las vísceras para ser embalsamadas aparte.
En las leyendas mitológicas también aparece este elemento. Un sarcófago fue el que se usó para encerrar el cuerpo de Osiris cuando fue asesinado por su hermano Seth.

El difunto egipcio podía enterrarse en una serie de sarcófagos dispuestos y encajados uno dentro del otro a modo. Podían ser rectangulares (qersyu) o antropoides, que solían ser los internos (suhet), surgiendo el primer antropoide de madera en el Reino Nuevo con Userhat y en piedra con Merimose, Virrey de Nubia en tiempos de Amenhotep III. Toda su superficie podía estar decorada, pasando por distintas etapas: Los primeros (Reino Antiguo) solían grabar lo que tradicionalmente conocemos como “Fachadas de Palacio”; en el Reino Medio, se añadieron algunas inscripciones mágicas, dos Ojos de Horus, mediante las cuales el fallecido podía ver su “viaje”, y una pequeña “puerta”. A estos se les irá añadiendo progresivamente más iconografía que incluía dioses protectores garantes de su cuidado y ciertas fórmulas apotropaicas, que aseguraban su bienestar. Esta costumbre alcanzó su zénit en el Tercer Período Intermedio, encontrándose desde entonces ejemplos de una gran belleza inscritos tanto en el exterior como cubriendo las paredes interiores de la caja, con escenas de los libros sagrados funerarios.

SAUCE
Es un de madera rojiza y ligera y fue llamado por los antiguos egipcios tcheret.


En Egipto fue símbolo del dios Osiris, posiblemente porque en una de las versiones de la leyenda de Osiris fue el que le que protegió su cuerpo cuando, después de ser asesinado, quedó varado en la costa de Biblos (algunas variantes de la misma leyenda identifican el árbol con el cedro). Otra narración nos comenta que sobre sus ramas se posaba un ave, que era el “alma” de Osiris, bajo su forma de pájaro Bennu, cuyo cuerpo se encontraba bajo éste. Por todo ello, todos los centros religiosos en los que se veneraba el culto al dios del Más Allá se jactaban de poseer la hipotética tumba de Osiris y se adornaban con este árbol, símbolo del dios.
En Egipto existía una fiesta anual denominada la “Erección del Sauce” y en el templo de Hathor de Heliópolis existía una capilla llamada “capilla para alzar el sauce. El simbolismo de ambas guardaba sin duda estrecha relación con el campo, el crecimiento de los árboles y con la ceremonia de la “Erección del Pilar Dyed”, que por otra parte, aunque en origen fue símbolo del dios Sokar y del dios Ptah, más tarde pasó a formar parte de la iconografía tradicional del dios del Más Allá.
Fue empleado en medicina ya que tiene propiedades antiinflamatorias y sirvió como soporte para la elaboración de estelas durante la Época Baja.

SEJEM
Fue un cetro de poder, fuerza y autoridad, constatado desde momentos muy tempranos, que llevaron reyes, nobles y algunas reinas, cuando realizaban algún ritual que guardaba relación con el poder.

El cetro parece que estuvo asociado a dos deidades: Osiris y Anubis y cuando aparece en la iconografía egipcia lo hace como manifestación o emblema de estas divinidades.

Como personificación de poder, fuerza y autoridad fue imprescindible en las ceremonias funerarias y divinas puesto que garantizaba que los ritos fueran especialmente favorables.
Sejem también era una de las partes del ser humano y significaba la energía del espíritu divino.

SEMA Y SEMA TAUI
La interpretación de lo que representa se nos escapa aunque algunos autores piensan que puede ser la estilización de los pulmones y la tráquea de un animal.


Como amuleto tenía una significación relacionada con la unión, la unificación.

Cuando se colocaba sobre un cuerpo difunto en forma de amuleto, simbolizaba la garantía de que su cadáver estaba unificado, es decir que no se iba a fragmentar, que permanecería unido eternamente, una garantía esencial para poder disfrutar de una vida eterna.
También este símbolo aparece en Sema-taui, es decir en la “unión de las dos tierras” (el Bajo y el Alto Egipto). En este grupo encontramos el Sema en la parte central, en el lugar donde se atan las plantas simbólicas del Norte y el Sur, representadas por el papiro y el loto . Las plantas están atadas por dos genios que personifican ambas partes geográficas de Egipto, aunque también pueden ser sujetadas por los dioses Horus y Seth, como representantes de ambos puntos cardinales.


Algunos autores piensan que la adscripción del loto como emblema del Alto Egipto es equívoca y que sería más correcto considerarlo emblema del punto cardinal Este y del área de Heliópolis, siendo el papiro el representante del área menfita y del Oeste. Igual ocurriría con los dioses Set y Horus relacionados con dichas zonas. De este modo Horus debería identificarse con el Oeste y Set con el Este. Así el Sema-taui sería la unificación de las dos riberas del Nilo y no de la tradicional división del Sur y de Norte. Sin embargo esta última interpretación ha de ser tomada con precaución hasta que nuevas investigaciones confirmen tal hipótesis.

SENET
Fue uno de los múltiples juegos de mesa que usaron los egipcios, quizá el más popular y uno de los más antiguos. Su nombre significa “pasaje o tránsito”.

Sus reglas no se han conservado y que jugó un papel simbólico en entornos funerarios. Consistía en un tablero rectangular provisto de 3 filas de 10 casillas. El juego consistía en partir de la casilla de salida hasta la número 30, sacando allí las fichas y venciendo al oponente.



Para incentivar el juego, sobre el tablero había algunos signos jeroglíficos, que servían a modo de casillas “seguro” o “puente”. Los peones tenían forma cónica o de carrete (cilíndrica) y, a modo de dados, se usaban tablillas o huesos de astrágalo que, dependiendo de cómo caían sobre la mesa o el suelo, determinaban el número de casillas a avanzar.
En el terreno simbólico el juego se relacionó con conceptos de inmortalidad es decir, el fallecido lo empleaba como símbolo que servía para sortear las dificultades que encontraba en el Más Allá y ganar la eternidad.
Una curiosidad radica en que en las pinturas y relieves, el fallecido juega sin un contrincante conocido, ya que éste jamás se representa.
El ejemplo más antiguo se hallaba en la tumba de Hesy, que vivió en la dinastía III.

SERDAB
No existe una palabra en el antiguo Egipto para designar lo que nosotros denominamos serdab; es un término árabe sirdãb que sirve para designar sótano, subterráneo, cripta o pasadizo. Parece que cuando los antiguos egipcios se refieren a esta construcción la denominan “Casa del Ka” y no tiene nada que ver con el sentido literal del préstamo actual del árabe.

El serdab en las construcciones faraónicas fue un recinto semicerrado donde se introducía la estatua del ka del difunto para que pudiera disfrutar de las ofrendas que se colocaban frente a este lugar y para que el ba tuviera un lugar donde residir (además del cuerpo) cuando retornaba a la tumba. El recinto estaba comunicado con el exterior a través de una pequeña ventana o abertura.
Aparece bajo el reinado de Dyeser y permanece en enterramientos privados del Reino Antiguo y desaparece como tal al finalizar el Reino Antiguo.


SEREJ
Es el nombre antiguo que empleamos para designar lo que hoy conocemos como “fachada de palacio”, probablemente de origen mesopotámico. Su decoración consiste en resaltes y nichos verticales, con o sin un halcón, posado en la parte superior.


Presente desde Nagada I y claramente definido en el período de Nagada III, fue el modelo en piedra de la decoración de antiguas residencias reales hechas con materiales vegetales. Una vez que los egipcios dominaron el arte de trabajar la piedra, tales motivos se reprodujeron con este material imperecedero y también sirvieron para la decoración de templos funerarios, tumbas, “Estelas de Falsa Puerta”, sarcófagos de piedra del Reino Antiguo, etc.
El serej como motivo epigráfico, se usó para introducir el nombre del soberano en caracteres jeroglíficos, relacionándolo con Horus que era la divinidad que se posa sobre él.

SERPIENTE
La gran cantidad de ofidios que habitan en África desde tiempo inmemorial, llevó a los egipcios a destacar algunas especies y llevarlas al ámbito divino.


Es muy posible que todas las variedades fueran representadas por los antiguos egipcios y que dada su similitud seamos capaces tan sólo de distinguir algunos ejemplares como por ejemplo la cobra (Úreo), la serpiente pitón (Apofis), ambas fácilmente diferentes o, en algunas ocasiones, la culebra Renenutet.

Quizá la vida silenciosa, sibilina y oculta de las serpientes, junto con la ponzoña del veneno de algunos ejemplares, fue el motivo para que desde momentos muy tempranos, tuvieran una conjunción de sentimientos encontrados, asociándolas a la divinidad.
Los oficios crecen durante toda la vida y por ello han de mudar su piel (su camisa) cuando ésta se ha quedado pequeña: Los egipcios vieron en este hecho natural los indicios de un rejuvenecimiento y un renacimiento, creyendo que tenían la capacidad de transmutarse y pensaron que ellas se habían encontrado sumidas en el océano del caos, antes del comienzo del mundo pasando después ha de vivir en lugares solitarios y bajo tierra. De este modo se convirtieron en deidades primordiales y ctónicas, vinculadas a las fuerzas cósmicas protectoras de la vida, como ocurre en la cosmogonía hermopolitana.
Así las encontramos en variedad de entornos. Puede mordiéndose la cola (serpiente cósmica), como imagen del infinito o presentando varias vueltas en su cuerpo; incluso en ocasiones la encontramos con piernas bajo el sinuoso cuerpo. Sobre el lomo puede llevar cuatro cabezas que representan a los cuatro hijos de Horus o presentar un cuerpo humano con cabeza de ofidio.
Al morar bajo tierra se creyó que poseían conocimientos especiales y se las hizo patronas de causas justas, como ocurrió con la diosa Meretseger. Los antiguos egipcios pensaron que la picadura de una serpiente - en este caso una cobra - era la consecuencia y el castigo por haber realizado un acto deplorable y, con el mismo sentido también creyeron que se podía invocar a la cobra para recuperar la visión. También se vincularon al campo, a la fertilidad y al grano, tal y como se plasma en la figura de Renenutet.

Otra deidad con forma de serpiente y más concretamente de cobra y relacionada con la fuerza destructora pero benéfica del sol es Uadyet, patrona del Bajo Egipto, que en este aspecto protege la frente de Ra (y del soberano) de las posibles fuerzas malignas, siendo además la responsable de la corona roja del Bajo Egipto

Relacionada con el tiempo, se denominó metui e identificada con la infinutud del tiempo, aparece en las tumbas del Reino Nuevo en el Valle de los Reyes. Otra serpiente benefactora fue Mehen, quien guardaba a Osiris y la barca de Ra, protegiendo la cabina con su cuerpo.
En la iconografía egipcia encontramos las serpientes tanto como animales peligrosos que atacan al Sol (Apofis), como animales benéficos (serpiente protectora de Ra). También benéficas eran: Nehebkau, una serpiente pitón asociada al renacimiento del difunto que, en el “Libro de las Cavernas”, protege a Ra, y Uerethekau “la Grande en Magia” una diosa relacionada con la justicia, capaz de dar y quitar la vida, siempre que fuera justo.
Con un sentido completamente opuesto, tenemos a la ya citada Apofis, una pitón cósmica muy grande, que deambulaba por el Mundo Subterráneo (símbolo del océano primigenio y, de lo “no creado”). Ella existió antes del nacimiento del mundo y de los seres vivos y como entidad anterior al establecimiento del orden luchaba diariamente para impedir la “renovación” de Ra pretendiendo interceptar noche a noche su barca para que no pudiera seguir su camino.
La barca de Ra podía convertirse en una serpiente para poder atravesar, en el Más Allá, el reino del dios Sokar: las arenas del desierto y Atum, también podía tomar la apariencia de un ofidio.

SHEN
El Shen era una tira de papiro o una cuerda atada en la parte baja que forma una vuelta cerrada. Puede aparecer en forma de amuleto o como símbolo en los muros de tumbas, templos u otros objetos.


Algunos autores lo han relacionado con un símbolo uterino de la dualidad cosmogónica y de la realeza de la diosa Hathor. Lo cierto es que el Shen es un nudo cargado de magia que simbolizó claramente la eternidad, la duración, la infinidad, y por tanto la regeneración, sin principio ni fin. Podía estar asociado al dios Heh puesto que esta entidad era también emblema de infinitud y de vida imperecedera.
En la iconografía egipcia es muy usual. Suelen llevarlo Horus y Nejbet o el pájaro que simboliza al Ba del difunto, cuando surgen respectivamente con el aspecto de halcón y de buitre, lo llevan sujeto en las garras para ofrecer una mayor salvaguarda. También está presente en la superficie de los sarcófagos, acompañado de de Isis y Neftis que amparan al fallecido.
Aparece con mucha frecuencia como amuleto para dotar al difunto con la protección del Sol y del poder universal.

SICOMORO
Identificado por los egipcios como Nehet; el sicomoro es una higuera de la especie Ficus Sycomorus de madera incorruptible, pero de calidad tosca, por lo que no hay que divagar mucho para entender cual fue la razón para relacionarlo con conceptos de nacimiento, regeneración o infinitud.
Era el árbol celeste por antonomasia, vinculado a la protección y a la diosa Hathor -sobre todo Hathor de Menfis, Señora del Sicomoro del Sur-, Nut, Isis, Iusaas y a Ra, todas deidades solares.
Quizá por durabilidad y por su relación con la diosa Hathor, se empleó para la construcción de sarcófagos puesto que así el difunto se introducía en un micro-cosmos compuesto por la tapa (Nut), la caja (Gueb). Además todo el conjunto estaba creado con la madera asociada a la diosa Hathor que le acogía como una amorosa madre.

Tal acontecimiento fascinó sin duda a los egipcios y se empezaron a hacer amuletos con la madera del sicomoro ya que consideraron que tenía poderes mágicos y que ninguna fibra mejor que la del sicomoro podía emplearse para elaborar ciertos cordones en los que se colgarían los amuletos, para después, colocarse sobre la momia.

También en la zona tebana, y durante el Tercer Periodo Intermedio, se hicieron pequeñas estelas funerarias, policromadas, en madera de sicómoro. Todas ellas están decoradas con motivos solares y suele aparecer Ra y Atum.
Igualmente se entendió que las ramas de la copa de este árbol eran los brazos de esta diosa (Nut) que cubrían el cielo y de las que pendían las estrellas. Los dioses estaban sentados en su copa.
Otra función del sicomoro es aquella en la que aparece citado en pareja: “dos Sicomoros de Turquesa” y los sitúan en el horizonte oriental, de donde Ra surgía día a día completamente rejuvenecido. El hecho de figurar como árboles de turquesa se debe a la asociación de esta piedra con el cielo. Por ello esta imagen se conectó a la fecundidad propia de las plantas, al nacimiento y al renacimiento (igual ocurrió con la persea), así como a todo lo relacionado con estos conceptos: la procreación, la maternidad... Por ello, siempre que fuera posible, era conveniente plantar uno de estos árboles en las proximidades del enterramiento o en la entrada de los templos. El o los sicomoros del horizonte oriental parecen actuar, en muchos casos a modo de árbol cósmico de enormes dimensiones, eje del mundo.
Parece que de los frutos de este árbol se extraía cierta bebida que servía de alimento tanto para los dioses como para el Ba del fallecido.
En opinión de Koemoth (1994) el sicomoro también tuvo relación con Osiris hasta comienzos de la Época Romana.

SISTRO
El sistro pudo ser en origen un fetiche que más tarde se convirtió en un instrumento de percusión ya que este tipo de objetos se consideran, en muchas culturas primitivas, objetos mágicos con los que poder alejar las fuerzas del mal y emiten sonidos que agradan a las fuerzas del bien. Se utilizó desde períodos muy remotos, ya que tanto en el yacimiento de el-Omari como en Nagada II, se han hallado ejemplos que han sido interpretados como primitivos sistros.

Más tarde, en el Reino Antiguo, encontramos los primeros ejemplares que podríamos denominar “clásicos” y que evolucionan con el paso del tiempo.

En Egipto encontramos dos tipos de sistros, el denominado Sesheshet y el. Sejem Algunos autores (Reynders 1995) son de la opinión de que la diferenciación clásica entre

El Sesheshet parece ser el más arcaico (Reino Antiguo), mientras que el Sejem hizo su aparición en el Reino Nuevo. Tenía forma de naos cerrada y en su interior se introducían semillas; de la base del naos nacía un mango en cuyo extremo superior suele estar representada la diosa Hathor, Bat (en el Reino Medio) o cualquier otra divinidad relacionada con ellas. Sonaba agitándolo de modo parecido a las actuales maracas.
El Sejem tenía una forma curvada, es decir era un “sistro de bastidor” y estaba atravesado por tres o cuatro varillas que, al agitarlas, producían el sonido. Éstas, además podían tener unos discos insertados, que con el movimiento chocaban entre sí aumentando la sonoridad. Al igual que el primero, el mango recogía la imagen de la diosa Hathor o de otras divinidades que de un modo u otro se relacionaban con ella puesto que se consideró la patrona de las actividades musicales. Es más, el sistro también se relacionó con su hijo Ihy.
Atendiendo a ciertos títulos y representaciones murales parece que pudo haber toda una rama sacerdotal de hombres y, sobre todo, mujeres entrenada para hacer sonar este instrumento, dirigidas por un miembro superior que normalmente era la esposa del Sumo Sacerdote. Ellos deberían aprender no sólo a tocar este instrumento (mérica y rítmica) sino también el momento en el que debían intervenir, dependiendo del ritual, y el modo de hacerlo.

El sistro no sólo se empleó en el culto a Hathro sino que también se utilizó en las ceremonias de otras divinidades y en el culto funerario ya que su sonido agradaba a los dioses y espantaba las influencias negativas y malignas y proporcionaba el renacimiento.

En multitud de ocasiones, y en los mismos contextos, el sistro está acompañado de un instrumento/collar de percusión llamado Menat.
El sistro se mantuvo vinculado al culto isíaco en época grecorromana. Son famosos los sistros de bronce hallados en el Iseum (templo consagrado a Isis) de Pompeya, siguiendo la tipología egipcia tradicional.

SOL
Si en Egipto existe un símbolo claro y típico, éste es el Sol, fuente de vida para todas las tierras, que distribuye felicidad a todos los seres.
Nada en África es más espectacular que el amanecer y el anochecer, dos momentos clave que fueron llevados a la mitología. En el amanecer se producía el nacimiento del sol, después de que éste se hubiera sometido a un renacimiento en el Mundo Subterráneo. En el viaje nocturno. el astro había vencido a las fuerzas del mal, a las tinieblas, al caos, y Egipto se beneficiaba de ello.

El comienzo del culto al sol data de Reino Antiguo, según se vislumbra en los Textos de las Pirámides, mientras que su apogeo fue en la Dinastía V.

Como en otras culturas, el culto solar está directamente relacionado con la élite. Sin embargo, fue tal la importancia del Sol en Egipto que en el Reino Medio casi todos los dioses fueron influidos por él. Una prueba de ello se refleja en las terrazas de muchos santuarios donde existía una capilla, llamada “solar” a la que se subía en la mañana del primer día del Año Nuevo la estatua del dios o la diosa, para que se produjera la fusión de su ka con el ka del sol, recargándose por otro año de energía.

Es conveniente recordar que la palabra que desde antiguo sirvió para designar al disco solar en sí mismo fue “atón” término empleado más tarde por Ajenatón (Dinastía XVIII) para nombrar a su único dios. Precisamente este rey compuso uno de los himnos más bellos y descriptivos:
El dios Sol(Ra o Jepri) nacía cada mañana después de haber sido alumbrado por la diosa Nut completamente rejuvenecido, tomando el aspecto de un escarabajo o un niño. Aparecía entre las espaldas del doble león Aker . Sin embargo parece que, en origen, el culto solar sustituyó a otro más antiguo: el celeste, personificado por un halcón .
El Sol puede manifestarse a través de muchos símbolos. Es el escarabajo Jepri al nacer , el dios Ra en el mediodía y el dios Atum en la puesta de Sol . Es decir, dependiendo del momento de la jornada, puede tener cabeza de halcón, de escarabajo o simplemente apariencia humana con la doble corona, pero, además, se representa como lo que es: un disco solar . Precisamente bajo esta forma se encuentra en el reinado de Amenhotep IV (Ajenatón). Del disco penden unos brazos que terminan en manos extendidas que simbolizan los rayos solares dirigiéndose a la tierra .
El Sol puede tener aspecto de carnero ; este es el animal que eligieron para entender la forma del Sol por la tarde o la forma del Sol en el mundo del Más Allá, cuando se desplazaba en su barca nocturna. Ra poseía dos barcas distintas, una la empleaba para cruzar el cielo diurno y la otra para el nocturno. Otra tradición comenta que durante su recorrido por el Más Allá, debía vencer a toda una suerte de genios malignos que querían atacarle y, además, calentar el reino del Más Allá y a los difuntos que en él se encontraban.

Sin embargo, una de las apariencias más curiosas y de significado más oscuro es cuando toma (en su aspecto de Atum) la forma de un lacértido: lagartija o geco. Quizá el gusto de estos animales hacia el sol, su capacidad para desprenderse de la cola, en caso de necesidad, y el hecho de que ésta crezca de nuevo, fueron hechos que indujeron a relacionarlos con la divinidad, asociando al Sol a conceptos de regeneración.

La imagen del Sol (en forma de disco solar o de escarabajo también aparece acompañándose de un par de alas extendidas . El objeto de añadir estos elementos fue crear un sincretismo entre el astro y el cielo. Sin embargo, las variadas representaciones del Sol incluyeron muchas más formas: el león , o la imagen de un niño tocado con el disco y con el dedo en la boca .

Otra forma de representar al Sol es mediante la creación de una imagen compuesta con otros símbolos, como por ejemplo un pilar Dyed , sobre éste un Anj dotado con brazos en alto sujetando el disco solar en su nacimiento.
Una evocadora imagen del Sol es aquella que nos lo muestra saliendo del interior de un loto sagrado, de un loto que emergió del abismo en el comienzo de los tiempos. El Sol se encuentra en el interior del capullo y éste al abrirse deja ver a la divinidad con el aspecto de un niño.
Algunas divinidades con aspecto de diosas leonas se relacionaron con el Sol y se pensó que eran sus hijas, como por ejemplo Maat o la cobra Uadyet. Numerosas leyendas nos narran las historias del Ojo de Ra, una deidad femenina que tenía personalidad propia, aunque fuera una parte del mismo dios.
La diosa Hathor mantenía una especial conexión con el sol, ya que ambas deidades expresaban, en síntesis dual, la realidad del lo masculino, el disco solar (la unidad del cosmos), y lo femenino, el calor de sus rayos.

SOMBRA
Junto al Ka, Ba, el nombre, y el cuerpo físico, era uno de los elementos que formaban al ser humano.

Fue un principio de protección muy eficaz, capaz de moverse rápidamente, que acompañaba al fallecido en el día y que era inseparable. Era un doble misterioso del hombre, representado en negativo y como tal, una parte imprescindible del individuo y de su existencia.
Suele representarse con el aspecto de una forma humana de color negro. Este aspecto cromático puede interpretarse de dos modos: por un lado, la sombra que hace cualquier objeto al interponerse con el Sol, es negra; por el otro, este color simbolizó la tierra fértil del Valle del Nilo y, por tanto, una tierra que sólo aporta elementos beneficiosos al hombre no puede por menos que ser un importante color protector y benefactor.
La sombra aparece con cierta frecuencia representada en contextos funerarios. Suele encontrarse junto al cuerpo y al ba quizá para otorgar una mayor facilidad y rapidez de movimientos. No iba al cielo, sino que permanecía aferrada a la tierra y a la palabra. Pese a esta concepción, la sombra podía acompañar momentáneamente al Ba cuando éste abandonaba la tumba.

SUEÑOS
Los egipcios pensaban que los sueños podían interpretarse y que, en muchos casos, los dioses se comunicaban con los hombres gracias a ellos. Por esta razón fueron muy importantes ya que, además, advertían acerca de hechos que aún pertenecían al futuro pudiendo estar prevenidos mediante su interpretación y permitiendo estar al tanto de acontecimientos indeseados.
Su explicación se hacía por medio de profesionales que consultaban textos específicos donde se indicaba su posible significado, como por ejemplo, el papiro Chester Beatty III de época Ramésida. En él se hace una relación de los supuestos sueños indicándose sí lo soñado era “bueno” o “malo” y a continuación se detallaba su interpretación.

Uno de los sueños premonitorios más conocidos es el que tuvo el rey Thutmose IV cuando aún era príncipe. El joven, habiéndose quedado dormido al pie de la esfinge de Guiza, escuchó la voz de ésta en un sueño, el dios le comunicó que, si la liberaba de la arena que la mantenía enterrada, haría de él un futuro rey. Lo cierto es que Thutmose IV accedió al requerimiento, y a la muerte de Amenhotep II fue nombrado faraón.

Otro de similares características se recoge la llamada “Estela del Hambre”. Aunque fechado en el año 18 del Horus Neterijet (Dyeser) se trata de un documento escrito con posterioridad (Época Ptolomaica), en el que se cuentan los siete años de escasez que sufrió Egipto a causa de que el Nilo no había crecido a su debido tiempo. Fue entonces cuando el dios Jnum se le apareció en sueños al rey comunicándole que él, responsable de la crecida, haría crecer el río para que los habitantes de Egipto no pasaran hambre. Este sueño y los años de hambruna tienen su paralelo literario en la Biblia (Génesis 41, 1-39).

TAMARISCO
Los egipcios denominaron a este arbusto, de hoja penenne, iser y lo asociaron a un dios del área de Abidos denominado Upuaut, "el abridor de caminos", así como también a Thot, Ra, y posiblemente Nemty, quizá por el color rojo de sus hojas y por sus cualidades refrescantes y depuradoras.

Según Plutarco, el tamarisco también estaba vinculado a Osiris puesto que sobre la tumba de este dios se plantó el arbusto, información coincidente con los análisis realizados en los restos hallados en el Osieium de Abidos.
Por otro lado, el tamarisco era el árbol sagrado del nomo XVIII del Alto Egipto, donde se veneraba a Nemty.
Se usó para la elaboración de un numero variado de objetos.



TEKENU
Es una enigmática figura que ha tenido múltiples interpretaciones y que aparece representada sobre las tumbas desde el periodo tinita, relacionada con las ceremonias que se realizaban en los funerales y en concreto con la ceremonia de la "Apertura de la Boca".


Entre algunas formas de representarse aparece como un hombre acurrucado, tapado con una piel o sudario, con la cabeza asomando y sobre un trineo. Algunas veces esta cabeza humana no aparece y simplemente el Tekenu adopta una forma indeterminada,. En otros casos, simplemente aparece un individuo agachado y, finalmente, hay ejemplos en los que lo representa un hombre vestido con una indumentaria de tipo sudario, pero con líneas horizontales rojas.
Una de las múltiples interpretaciones apunta a que en el interior de este "paquete" podían agruparse aquellos órganos internos del ser humano que no se introducían en los vasos canopos, vísceras que no podían ser eliminadas sin más. Otra hipótesis afirma que simbolizaba el cuerpo en sí mismo, o que es la iconografía heredada del arcaico sacrificio humano que se practicó en periodos remotos y que involucraba a un prisionero extranjero. Es decir, que este objeto pudo reproducir, de forma simbólica, una inmolación que realmente ya no se practicaba, pero que de forma mágica se llevaba a cabo "idealmente" sin crueldad ninguna.

Cuando está manifestado en un hombre acurrucado y envuelto en un sudario encarnaba al difunto que, una vez que se despojaba de la tela envolvente, rememoraba el renacimiento, pudiendo ponerse en paralelo con la salida del niño del útero.

Para Reeder el Tekenu no es un receptáculo donde agrupar los órganos y tejidos humanos que no se habían introducido en los canopos sino que: "Seguramente el tekenu es un actor principal en las ceremonias funerarias, conduciendo la procesión, con gente gritando a su paso durante el camino a la tumba".
En cualquier caso, parece que el Tekenu estaba encarnado en sacerdote Sem cuando, entrando en trance, actuaba en un momento concreto de los funerales, es decir cuando acudía en busca del "alma" del difunto, llevando a cabo un rito de transformación. En un pasaje del texto de la "Apertura de la Boca" se indica que el individuo "duerme" o "duerme profundamente", quizá un modo de expresar lo que hoy entenderíamos por trance.

TEMPLO
En Egipto el templo era la "Casa del Dios" y allí se cumplían los ritos para que la divinidad estuviera atendida y tuviera todo lo que pudiera necesitar. De este modo se pretendía que la divinidad complacida, diera a Egipto todo lo que esperaba y deseaba de ella.

Sin embargo y aunque utilicemos los términos "templo", "santuario" o "Centro de Culto", en ningún modo debemos entender este emplazamiento como las actuales iglesias cristianas, las sinagogas judías o las mezquitas musulmanas, ya que allí no acudía el pueblo para celebrar culto y, ni siquiera los sacerdotes ejercían forma alguna de apostolado para captar nuevos creyentes.
En cada uno de los templos egipcios se representaba la creación, es decir eran en sí mismos un microcosmos. Allí se encontraba el primer trozo de materia sólida (colina primordial) que había emergido del caos en el comienzo de los tiempos, el punto de unión entre el cielo, la tierra y el mundo subterráneo.
Dentro del templo, todo era tal y como debía ser ya que allí reinaba la Maat (el orden, el equilibrio, la estabilidad). Fuera del recinto sagrado, se encontraba todo el potencial peligroso, el caos que amenazaba lo creado, el desorden. Por ello el recinto sagrado o témenos lo aislaba del exterior delimitándolo con este muro de circunscripción. Así se creaba un espacio, una zona sagrada separada del espacio profano y se marcaba el lugar donde se levantaba el recinto sagrado como símbolo del universo, como centro local del mundo, las fronteras físicas de la Casa del Dios que reposaba en su Sancta Sanctorum asistido por el clero que le lavaba, vestía, acicalaba, alimentaba...
En Egipto hubo distintos tipos de templos y aunque básicamente todos ellos reunían los mismos elementos y tenían idéntica función, algunos variaban ligeramente en su arquitectura. Así podemos distinguir los Templos Solares (a cielo abierto, sin techos), los Templos para el culto real (templos funerarios), los Templos del Valle y los Templos de Culto Divino.
El templo tebano estaba flanqueado por una entrada monumental que los griegos llamaron Pylon (pílono)y los egipcios bejent . Estos elementos han sido interpretados como la alegoría de las dos cadenas montañosas limítrofes del Valle del Nilo: la arábica y la líbica. El lugar que queda entre las dos masas de piedra era por donde míticamente nacía el Sol cada mañana, recorriendo el santuario, al igual que ocurría en el país diariamente. Sus fachadas estaban decoradas con símbolos del poder real, cumpliendo una doble función: magnificar visualmente el poder del rey y alejar los poderes malignos que quisieran amenazar al templo. En Época Ptolemaica los pílonos se identificaron con Isis y Neftis.
De todas las zonas del santuario, las más peligrosas eran las puertas, por donde podían penetrar fuerzas del mal. Precisamente por esta razón debían dotarse con una protección adicional y se colocaban ciertas invocaciones además de representar sobre ellas divinidades aladas que las guardaban.
Ante los pílonos se colocaban obeliscos , generalmente dos. Una vez pasado el primer pílono, el templo seguía una trayectoria que incluía suelos ascendentes y techos descendentes hasta llegar al lugar más sagrado, la Sede Venerable. En este trayecto la iluminación iba decreciendo y precisamente la parte más interna se encontraba en penumbra.
Las primeras dependencias estaban formadas por grandes patios abiertos al Sol. La siguiente, normalmente era una hipóstila. En este lugar se levantaba todo un bosque de columnas que se elevaban hacia el cielo y que representaban pilares cósmicos. A la vez reproducían motivos vegetales en sus fustes y capiteles, ya que la sala en sí era la reproducción de las primeras plantas crecidas gracias al fértil limo. Eran bosques de papiros o lotos emergiendo del suelo, de la tierra primordial, reemplazada aquí por suelos que podían estar cubiertos de plata. Ésta, al oxidarse por el contacto con el aire, se convertía en un metal negro, dando la sensación de ser el limo fertilizador. De hecho, en las bases de las columnas se representaban símbolos relacionados con el río, con el crecimiento y la fertilidad; éstos podían ser motivos vegetales o figuras de fertilidad.
Los techos se decoraban con estrellas de cinco puntas, buitres y halcones con alas extendidas o motivos astronómicos que reproducían el cielo egipcio.

Sobre los muros se recogían escenas que rememoraban acontecimientos míticos o reales que acontecían en la tierra: las ceremonias, las ofrendas, el dominio del faraón sobre los enemigos (a partir de Thutmés III)... Todos ellos eran actos que ocurrían entre el cielo y la tierra, es decir en el lugar exacto que el santuario quería simbolizar.

El interior del templo no era de acceso público, ya que se requerían ciertas cualidades de pureza para penetrar en él. Sólo en determinadas ocasiones y con motivo de ciertas fiestas, algunos personajes podían acceder hasta un patio exterior, llamado "Patio de las fiestas". Más allá y en dirección hacia el santuario donde estaba la estatua sagrada del dios, los sacerdotes penetraban según su jerarquía, de modo que al final del recorrido, en el Sancta Sanctorum o Sede Venerable sólo podía penetrar el Rey o en su defecto el Sumo Sacerdote como su representante directo.

En Egipto hubo dos tipos de Naos: el de piedra, colocado en los santuarios y el de madera, que era el empleado para guardar a la divinidad en las procesiones.
Los santuarios tenían unos "lagos sagrados" donde míticamente se encontraba el agua del Nun y en ellos se hacían ciertas ceremonias y purificaciones. También aquí se rememoraba el origen del universo y el proceso de creación.

TEREBINTO
Es una higuera salvaje de donde se obtiene la trementina. De madera dura, de él se obtiene la trementina. Sus frutos son rojizos pero que conforme van madurando se transforman en negros.

Posiblemente el terebinto pueda identificarse con el árbol que los egipcios denominaron Ayebaty nefer de donde se obtenía una resina de cualidades purificadoras y fuerte olor, con marcadas propiedades mágicas.
Se asoció a Hathor-Jentet-itenus y fue emblema de las ciudades de Licópolis (Assiut) y Cusae.

TEXTOS DE LAS PIRÁMIDES
Este término es moderno y no existe jeroglífico que agrupe el conjunto de textos inscritos en el interior de las pirámides del Reino Antiguo, a partir del reinado de Unas.

Los “Textos de las Pirámides” son el primer corpus religioso que aparece en el Valle del Nilo. Se hicieron inscribir por vez primera en el interior de la pirámide del rey Unas, y se mantuvieron en nueve pirámides de reyes y de algunas reinas del Reino Antiguo y del Primer Periodo Intermedio.
Aunque posiblemente fueron recopilados por los sacerdotes heliopolitanos, en ellos se agruparon tradiciones muy arcaicas que pueden remontarse a la Prehistoria, junto a concepciones estelares, nuevas doctrinas solares e, incluso, pasajes relacionados con el dios del Más Allá Osiris. Realmente se trata de un completo compendio de fórmulas mágicas que ayudaban al difunto rey en el tránsito hacia el Más Allá.
Estos textos posiblemente fueron conjuros de tradición oral que el sacerdocio funerario regio recogió por escrito. En total constituyen un corpus de más de 760 conjuros distintos, cada uno de ellos con una utilidad específica.

Este corpus volvió a ser utilizado con bastante frecuencia bajo el renacimiento saita.



TEXTOS DE LOS SARCÓFAGOS
No existe termino jeroglífico conocido que sirva para denominar el conjunto de textos religioso-funerarios que se recogen en los sarcófagos del Reino Medio.

Los “Textos de los Sarcófagos” están compuestos por un grupo de fórmulas que se inscribían en los sarcófagos, con la finalidad de servir de guía y protección al difunto en su deambular por el Mundo de los Muertos. El traslado de los textos desde los muros de las pirámides, en el Reino Antiguo, a la superficie de los sarcófagos, en el Reino Medio, tuvo que ver sin duda con motivos económicos y prácticos.

Este conjunto recopilaba fórmulas de los “Textos de las Pirámides” además de incorporar invocaciones propias.
En el Reino Antiguo el rey, sus familiares y allegados más cercanos, podían disfrutar de textos mágico-religiosos que les aseguraban la consecución de una feliz vida en el Más Allá. En el Primer Período Intermedio esta práctica se hizo extensiva a miembros de la nobleza hasta alcanzar a cualquier individuo, sea cual fuere su categoría, que pudiera permitirse la inclusión de estos textos en su sarcófago. Los primeros textos de este tipo se encontraron en el sarcófago de Medunefer, que vivió bajo Pepi II. Todos ellos pertenecen a personajes nobles puesto que no se han hallado textos reales de esa época.
Este proceso se ha venido traduciendo como una “democratización” de las creencias funerarias y coincide con la generalización del culto a Osiris.

TIERRA
Como otras concepciones o fenómenos de la naturaleza, los egipcios entendieron la existencia de la tierra desde planos muy dispares, pero en ningún modo este antagonismo supuso un problema de entendimiento. Todas las interpretaciones plurales, modos de describir algo que tangiblemente existía: la tierra.

Su formación había sido posible gracias al dios creador Ra que, en el comienzo de los tiempos y según la cosmogonía heliopolitana, había hecho surgir el montículo benben de las aguas caóticas y primigenias que lo envolvían todo. Así se había creado un cosmos ordenado y en él estaba la tierra. Según otras concepciones teológicas, como por ejemplo la de la ciudad de Menfis, la tierra había nacido gracias al dios Ptah-Tenen (la tierra emergida). También se pensó que la tierra era una superficie plana, situada sobre el océano primordial. Por ello, se justificaba la existencia de las aguas suterráneas.
La tierra era el dios Gueb, el esposo de la bóveda celeste Nut. Se encontraba separado de ella por el dios del aire Shu y constantemente intentaba levantarse para poder volver a unirse a su pareja. Esta era la explicación de los terremotos y por ello se alzaban las montañas.
En Egipto, a diferencia de otras culturas la tierra no se consideró una entidad femenina (diosa-madre) sino que se entendió como una entidad masculina (en oposición al cielo que era femenino).
En un ámbito local, la tierra egipcia fue el Valle del Nilo constituido por la tierra fértil que flanquea el Nilo y por el desierto. El Valle fue símbolo de fertilidad y se denominó Kmt, la “Tierra Negra” en contrapartida con la zona árida, el desierto, Deshret. El motivo para estas dos designaciones fue la observación de un fenómeno natural: los depósitos de limo negro fértil que dejaba el Nilo tras la crecida. Por otro lado el desierto, de arenas doradas o incluso rojas, fueron las que dieron nombre a esta región y el color, junto con su esterilidad y su peligro. Fue inevitable llevar a la mitología estos dos territorios; El Valle del Nilo se veía a menudo invadido por las arenas abrasadoras del desierto, que amenazaban con cubrirlo. Todo ello se plasmó en las luchas acaecidas entre Seth y Horus, convirtiéndose cada una de estas deidades en emblemas de sus respectivas zonas.

TITULATURA REAL
La titulatura real se colocaba ante el nombre de los monarcas y servía para indicar algunas de las cualidades concretas del rey. Hay cinco elementos distintos; veamos a continuación su significado y su aplicación.

El Nombre de Horus
Fue el título más antiguo. Remarcaba la naturaleza divina del rey asociándolo al halcón Horus, pero de carácter solar. Se colocaba sobre un serej, o fachada de palacio, un muro de resaltes y nichos.

El nombre que le sigue es el propio de cada monarca ya que todos ellos eran encarnaciones distintas de esta divinidad.
Posteriormente se mantendría Horus, pero no el serej.

Nebty
Se traduce como “el de las Dos Damas”, es decir la diosa buitre Nejbet del Alto Egipto y la diosa cobra Uadyet del Bajo Egipto.

El motivo para escoger estas dos divinidades se debe a que ellas fueron las diosas patronas del Sur y en el Norte de Egipto en la época formativa. Nejbet tenía su centro de culto en la ciudad de el-Kab y Nejbet en Nejeb.
Con este título se enfatizaba y potencia el poder del rey sobre todo el Egipto unificado, considerándose una monarquía dual.
Apareció con Aha en la Dinastía I.

Horus de Oro
Se representó con un halcón posado sobre el símbolo jeroglífico de oro. Se interpreta como la encarnación del monarca identificado con Horus y con el resto de los dioses, que mitológicamente tenían la carne de oro, como símbolo de incorruptibilidad.

Ser un Horus de Oro suponía convertirse en un ser inmortal asociado a la divinidad.
Es decir, aunque a la hora de la muerte el soberano falleciera, como cualquier ser vivo, se le asimilaba directamente a uno de los dioses más poderosos e influyentes del panteón.

Apareció con Den, en la Dinastía I.

Nesut bity
Traducido como “el de la Caña y la Abeja”. Es lo mismo que decir “Rey de las Dos Tierras”.

Tiene un simbolismo similar al título Nebty aunque, en este caso, no hay seguridad en cuanto a cuál fue la razón para emplear estos dos signos para el Bajo y el Alto Egipto.


Aunque tradicionalmente se ha considerado que la abeja (o el papiro) era el emblema del Bajo Egipto y la caña del Alto Egipto, este último presenta dificultades y desacuerdos en su interpretación. Se ha especulado que podría ser un junco marítimo, pero esta planta no se encuentra en el Valle del Nilo.
A continuación se escribía el llamado “Prenomen” en el interior de un “cartucho” que incluía el nombre que el rey tomaba en la coronación y que, con mucha frecuencia, agrupaba el nombre del sol en el de el propio rey. De este modo se obtenía el dominio y la asimilación del soberano con el sol y su circuito, tanto en el día como en la noche.
Apareció con Den en la Dinastía I, aunque es posible que fuera empleado con anterioridad, aunque no precedió a un “cartucho” hasta el reinado de Seneferu (Dinastía IV). Durante el Reino Medio este es el más importante de los títulos, seguido del nomen.

Sa Ra
Se traduce por “Hijo de Ra”. Este título precedía, al llamado “nomen”, es decir, el nombre que el soberano había recibido al nacer, el cual se introducía en el interior de un cartucho.
Gracias a él, el rey asumía el parentesco directo con la divinidad más importante del panteón, aquella que creó el universo. Como tal, era responsable de hacer cumplir sus leyes en la tierra.

Durante el Reino Medio este es el segundo nombre en importancia, precedido por el prenomen.

Apareció con Seneferu en la Dinastía IV.

TOCADOS
Los tocados de dioses y soberanos fueron muy variados y, en el caso de las divinidades, fueron en muchas ocasiones, su distintivo particular.

Muchos tocados se compartieron; tal es el caso de los cuernos y el disco solar de las diosas Isis, Hathor, la pluma de avestruz de Maat o Shu o los cuernos de carnero retorcidos de Jnum o Benebdyedet. Todos ellos denotan aspectos generales de las deidades representadas. Así por ejemplo, los cuernos en forma de lira y disco solar indican una relación con el cielo, con deidades que podían representarlo pero que guardan alguna relación con el Sol. Los tocados formados por plumas suelen corresponder a entidades creadoras y están relacionados con el aire, el aliento, necesario para subsistir. Los formados con cuernos de carnero indican procreación, sexualidad claramente activa. Aquellos en forma de cuernos de toro también están relacionados con la creación, pero, además se identifican con aspectos lunares, algo que también ocurre con los cuartos crecientes del astro de la noche.
En otro plano están las coronas de los reyes; éstas pueden ser relativamente sencillas o incluir tal cantidad de elementos mágicos que llegan a ser complicadísimas, aunando elementos protectores que las dotan de un mayor poder profiláctico. Con esta complejidad fueron comunes en Baja Época y en el Período Ptolemaico y a menudo su simbolismo es tan sólo parcialmente descifrable.

TORO
Desde el Período Predinástico podemos encontrar sobre las paletas tanto el toro como el león representando al líder predinástico y más tarde al rey que, con su potencia, su fuerza salvaje, su vigor y su fiereza destruía al enemigo..

El toro fue también símbolo de la fertilidad y fecundidad del suelo, con un marcado sentido sexual. Él era el germinador, el fertilizador, por excelencia, el portador de vitalidad y por ello se convirtió en heraldo de los dioses y símbolo de la potencia y la fertilidad masculina.
En muchas ocasiones las representaciones egipcias pueden inducirnos al error, identificando como toros los que realmente son bueyes. Los bueyes, al ser animales mucho más dóciles, con un carácter mucho menos agresivo, se emplearon para el trabajo y para ser inmolados en algunos sacrificios, como por ejemplo en la ceremonia de “La Apertura de la Boca”. Además, por ser la carne del buey comestible, de excelente calidad, y por poder aprovecharse todas sus vísceras, sirvió como alimento para el clero, que, una vez finalizadas las ceremonias, se nutría con la parte material de estos animales.

El toro estuvo relacionado con las fuerzas cósmicas y con la luna puesto que fue símbolo de la oscuridad y de la noche y además sus cuernos tenían la forma del astro nocturno. Identificado con él lo encontramos fusionado, por ejemplo, con el dios Jonsu. Sin embargo, hay veces que el toro es la representación de los ojos de Ra, el derecho el Sol y el izquierdo la Luna. Es posible que originariamente fuera un símbolo lunar que más tarde se solarizó. No hemos de olvidar que la luna se entendió como “el sol nocturno”, mientras que el ternero simbolizaba al Sol en su nacimiento.

Muchos faraones llevaron el epíteto de “Toro de Horus”, “Toro Poderoso” o “Toro de su madre” dando a entender el vigor sexual de este animal, la virilidad y el coraje y poniéndolo en paralelo con el del soberano. No obstante, estos símbolos no sólo denotaban la potencia sexual sino que también subrayaban la potencia militar del rey, su carácter guerrero y agresivo.
El toro y el buey fueron la encarnación terrestre de un número importante de divinidades, entre las que se encuentran Apis (manifestación del dios menfita Ptah), Merur (personificación de Ra o Atum-Ra en Heliópolis, denominado por los griegos Mnevis), Bujis (hipóstasis de Montu en Tebas), Kamutef (imagen terrestre de Min) y ocasionalmente Nun. Se han hallado cementerios de toros en la ciudad de Armant, para el toro Bujis; en Heliópolis para el toro Merur, y en Menfis para el toro Apis.

Algunos ejemplares, los que mostraban los signos inequívocos de ser el dios en la tierra, eran venerados en Egipto, embalsamados y enterrados con todo el ceremonial.

Una interesante costumbre funeraria fue la presencia, en los enterramientos, de un friso formado por cabezas de toros. Con este símbolo mágico se pretendía repeler a todas las fuerzas dañinas que quisieran molestar al difunto. Documentados desde el Predinástico, cuando no se encuentran físicamente, aunque están representados en piedra.

Parece que era una cola de toro la que llevaba el monarca pendiendo del cinturón de su faldellín, por detrás.

TORTUGA
Aunque comenzó siendo un animal simbólicamente negativo, más tarde se tornó benéfico, sin embargo nunca figura en las mesas de ofrendas pese a que sí se comieron.

Los egipcios consideraron a la tortuga una clase de pez. Aunque en otras culturas suele estar relacionada con la representación del cielo y la tierra (la parte curva del caparazón es la bóveda celeste y la plana la tierra) en Egipto no parece haberse identificado con tal concepción, sino que, muy por el contrario, estuvo adscrita al Mundo Subterráneo.


Aunque hay varios tipos de tortugas que pudieron ser identificadas con fuerzas sobrenaturales cuyo hábitat fueron el Mar Mediterráneo, el Mar Rojo y el Nilo.

La tortuga de río es de costumbres nocturnas. En el proceso de hibernación se entierra en el lodo del fondo del río y puede permanecer allí sin necesidad de respirar durante varias semanas puesto que puede extraer el oxígeno del agua, aunque no tienen branquias. Su relación con el agua y su aparente resurrección la hizo un magnifico símbolo de renacimiento. Además este animal realiza la puesta de huevos en la orilla del río, de donde, al cabo de un tiempo, surgen las pequeñas tortugas “espontáneamente” dirigiéndose directamente al río. Todas estas peculiaridades, junto a su longevidad y su capacidad para esconderse dentro del caparazón, fueron quizá motivos más que suficientes para ver en ella una entidad divina.
Cubriendo un papel mucho más negativo, a partir del Reino Nuevo, figura siendo arponeada quizá por considerarse peligrosa al nadar bajo el agua y suponer un peligro potencial para la barca de Ra.

Como ocurre con otros animales acuáticos fue considerada desde dos puntos de vista. Por un lado parece haber sido un animal protector ya que se encuentra desde el Predinástico representada en paletas de esquisto teriomorfas empleadas para moler minerales para el maquillaje, en forma de vasos y vasijas, en los marfiles mágicos del Reino Medio” y más tarde como genio del Más Allá.

Desde un punto de vista más práctico, los egipcios emplearon la concha de la tortuga de mar para confeccionar escudos.

TRÍADA
La palabra tríada procede del griego triás, tríados y sirve para designar un conjunto de tres seres o cosas, estrecha o especialmente vinculados entre sí.

Ya desde el Predinástico se empleó el concepto para designar la reunión de tres divinidades que formaban un conjunto familiar -a imitación del esquema humano- dejando patente la importancia que para los antiguos egipcios tenía la familia. Ésta era una institución estable que contenía una parte importante del equilibrio cósmico (representado por la diosa Maat). Por ese apego hacia la familia, los egipcios sintieron la necesidad de agrupar a sus dioses locales e integrarles en “familias” o enéadas, respondiendo a razones históricas o políticas que hicieron conveniente que determinadas deidades se reunieran para ser adoradas como un grupo divino. De este modo se ordenó, entendió y estructuró la jerarquía sobrehumana para razonar hechos aparentemente inexplicables, que sólo podían tener origen fuera del mundo. Todo ello respondía a la idea de que si el hombre existe, debe existir una fuerza superior creadora de todas las cosas y esta entidad, aun actuando como demiurgo, debe estar rodeada de un entorno familiar.
Así en una tríada encontramos a un padre, una madre y un hijo, es decir a dos elementos masculinos junto a uno femenino. De este tipo tenemos, entre las más conocidas a Amón,. Mut y Jonsu o a Osiris, Isis y Neftis. En algunos casos, la tríada está formada por dos elementos femeninos y uno masculino; de este tipo podemos mencionar a Jnum, Satis y Anukis.
Otra tríada diferente es la que agrupa al rey divinizado, a su esposa (con el aspecto de Hathor) y a la deidad local de un nomo o bien al monarca acompañado de las dos deidades que simbolizan al Norte y al Sur de Egipto. De este tipo son las tríadas del rey Menkaura (Micerinos), de la Dinastía IV, junto a la reina y, en cada grupo escultórico la personificación de una de las provincias, a modo de portadoras de ofrendas, que éstas entregaban al soberano, obteniendo así una variada y rica alimentación funeraria.
Otra variante muestra a tres figuras masculinas, en ocasiones durante la acción de coronar al rey.
En cuanto a formas tripartitas son aquellas en las que se agrupa a tres dioses fusionándolos en una sola entidad como es el caso de Ptah-Sokar-Osiris. Prácticamente en el mismo caso se encuentran los distintos nombres citados para designar una sola entidad. El sol se denominaba Jepri al amanecer, Ra en el cénit y Atum al anochecer, o Ra-Horajty-Atum “Dios Grande Señor del Cielo”, muy venerado en la ciudad obrera de Deir el-Medina. Esta fórmula llegará incluso hasta el mundo judeo-cristiano: por un lado tenemos a la tríada canónica (padre, madre e hijo) y por el otro a la trinidad como tríadas monásticas, el equivalente a Padre, Hijo y Espíritu Santo en la religión cristiana. Además, el número tres fue la forma más pequeña de expresar la pluralidad.
Para representar las almas de los antepasados (es decir, los ancestros divinos) se empleó el conjunto de tres halcones o tres chacales antropomorfos que simbolizaban a los soberanos del Alto y el Bajo Egipto o, lo que es lo mismo, las almas de la ciudad de Pe (en el Norte) y de la ciudad de Nejen (en el Sur).

TYET/TIT (NUDO DE ISIS)
El Tyet es un motivo muy frecuente que, desde los comienzos del Reino Nuevo, se le denominó “Nudo de Isis”.

Era la contrapartida femenina del pilar Dyed y, en forma de amuleto, se colocaba en la nuca o en el pecho del difunto y servía para asegurarse la protección de la diosa Isis, obtener vida eterna y bienestar.
Suele aparecer acompañando al Dyed y al Anj y, más tarde, al Uas, aunque también se encuentra de forma aislada. Pero como ocurre con otros símbolos, a veces se revestía de personalidad propia y surgía coronado con las cabezas de algunas diosas tales como Hathor e Isis.
Este nudo se encontraba en el nudo de los cinturones y autores como Wilkinson entienden que representa la naturaleza invencible de la vida. Otros estudiosos (Andrews) creen que era una pieza de tela empleada en la menstruación, teniendo un color con connotaciones regeneradoras: el rojo.

UADY
Era un cetro de papiro que, en contextos funerarios, evocaba la resurrección. Igual que el papiro crecía a orillas del río Nilo, el difunto renacía en el Más Allá pero, sobre todo, garantizaba la ayuda de una de las diosas más importantes del panteón egipcio, la diosa Uadyet, patrona del Bajo Egipto.

En el plano divino solían llevarlo las diosas y era un poderoso cetro de poder que simbolizaba el rejuvenecimiento, el verdor, la juventud eterna.
En forma de amuleto se encuentra en el Reino Nuevo pero se hace muy popular a partir de la Dinastía XXVI. Normalmente estaba confeccionado con algún material de color azul o verde. Solía colocarse en la nuca o el cuello del difunto y servía para obtener juventud y virilidad, en el caso de los hombres, y fertilidad en el de las mujeres. Para ambos era un símbolo de regeneración.


UAS
El origen del significado de este cetro se nos escapa. Algunos autores creen que podría ser un antiguo fetiche protector, un dios totémico del Predinástico que estaba asociado con la felicidad, la prosperidad y la potencia divina, o un antiguo bastón para conducir al ganado; lo llevan usualmente deidades masculinas. Parece tener una conexión solar. Otros creen que en él aparece la cabeza estilizada del dios Seth ya que, en ocasiones, la parte superior del mismo está animada con un ojo y a veces se encuentra dotado de brazos que sujetan distintos emblemas o motivos mágico-religiosos. Sin embargo nada permite confirmar tal hipótesis. Lo que parece más verosímil es que fuera un cetro en cuya parte superior se pudo representar de forma estilizada un animal, posiblemente canino.

En opinión de Cervelló este objeto, se asemeja mucho a un bastón que empleado en África por los actuales pastores peul, para ayudarse a transportar sus objetos personales.

El cetro termina por su parte inferior en dos extremos curvados hacia el interior en forma de horquilla.

Está documentado desde el Protodinástico, lo llevan las deidades masculinas (en casos especiales también algunas diosas) y se lo entregan al rey como símbolo de poder y fuerza. Puede aparecer asociado al Anj (la vida) y al Dyed (estabilidad).

En contextos funerarios proporcionaba el bienestar y la dominación en el otro mundo. Por ello se incluyó en el ajuar, colocándose junto al cuerpo del difunto y suele estar pintado de verde y ocasionalmente de rojo. Asimismo se empleó como parte de la decoración en tumbas y sarcófagos, además de aparecer en adornos de joyería.

Cuatro cetros Uas representaban los cuatro pilares que sustentaban el cielo.
Desde el Reino Antiguo podía acompañarse de una pluma, simbolizando el nomo de Tebas.

UDYAT
En Egipto encontramos muchos ejemplos donde el ojo juega un papel fundamental pero, quizá, entre todos ellos, el que se ha convertido en el más popular llegando incluso a reproducirse en la joyería moderna, es el denominado Udyat u Ojo de Horus, cuyo significado es: el que está completo. La asociación entre el Ojo Udyat y el dios Horus se percibe a través de una de las leyendas más importantes que se recogieron en el Valle del Nilo, donde se narran las batallas que personificó en contra de su tío Seth.

Horus era el hijo de Osiris, un dios que había sido asesinado por su hermano Seth. Cuando Osiris resucitó y pasó a presidir el Más Allá, su hijo se convirtió en el vengador de su padre y acometió toda una serie de luchas contra Seth, el asesino de su progenitor. En estos encarnizados combates Horus siempre salió victorioso pero, en el transcurso de las mismas ambos contendientes sufrieron heridas y pérdidas vitales, entre ellas la mutilación del ojo izquierdo de Horus (o los dos dependiendo de la versión del mito) y la amputación de los testículos de Seth. Gracias a la intervención del dios Thot el ojo de Horus pudo ser sanado y sustituido por el Udyat, para que el dios recuperara la visión. Este ojo estaba dotado de unas cualidades magníficas.
Por otro lado, desde el Reino Antiguo hasta el fin de la civilización faraónica, las leyendas cuentan que los dos ojos de Ra estaban vinculados uno a la luna (el Udyat) y el otro al Sol y en el terreno mitológico se explicó del modo siguiente: las fases lunares respondían a los periodos de curación del Ojo de Horus, manifestándose en la Luna Llena el momento en que éste había sanado por completo y en la Luna Nueva cuando había sufrido el daño. Por ello, éste momento se consideró peligroso, ya que fue el instante en que Horus había perdido la visión y causa por la cual el astro no podía manifestarse en el firmamento nocturno. Es decir que, mediante el Udyat, se aseguraba y garantizaba el buen funcionamiento del cosmos, entendido como el buen discurrir del circuito diurno del Sol y las fases cíclicas de la Luna. Todos estos acontecimientos y sobre todo la mágica sustitución del milagroso Ojo de Horus, determinaron su uso para la protección y curación de enfermedades relacionadas con los ojos.
Sobre los relieves egipcios es frecuente encontrar la ofrenda del Ojo a los dioses, es más, era la ofrenda por excelencia, un distintivo de orden que podía ponerse en paralelo con la ofrenda de Maat. El propio Horus (o el rey como encarnación terrestre del dios) era el encargado de presentarlo ante la boca de su padre Osiris para lograr su “cura”, es decir, para obtener su resurrección, logrando el buen funcionamiento del mundo divino y terrestre.
Sarcófagos, amuletos, cetros, piezas de joyería, estelas, barcas y remos, etc, son algunos de los soportes donde encontramos este curioso órgano que, para los Antiguos Egipcios, estuvo vinculado a conceptos de totalidad, luz, salud y curación pero que, además, servía como un poderoso instrumento de protección contra el mal de ojo, propiciador de la buena suerte y guardián contra las fuerzas hostiles que pudieran acosar tanto al difunto como al hombre vivo.

Lo encontramos grabado, por ejemplo, en las plazas protectoras que se colocaban sobre la incisión que se practicaba a la momia, un lugar especialmente peligroso ya que, al ser una abertura “arficial” era un punto susceptible para que las fuerzas del mal pudieran atacar al difunto, provocando la putrefacción y por tanto, la imposibilidad de qué el individuo disfrutara de vida eterna. También grabado o pintado sobre la superficie lateral de los sarcófagos, servía para que el difunto tuviera garantizada la posibilidad de ver tras la muerte, pudiendo observar el viaje que debía realizar por el cielo. En definitiva, el Udyat fue un elemento de protección muy poderoso y como tal su número en la iconografía egipcia es más que significativo.

Además de Horus, en Egipto encontramos a algunos dioses que también llevaron la ofrenda del Ojo. Nos estamos refiriendo por ejemplo al dios Iah, manifestación de la luna, o al dios Nefertum que como encargado de los alimentos que se depositaban en las ofrendas, llevaba también el ojo en sus manos.
Finalmente y unido al mito tenemos a dos manifestaciones de Horus: Jentyirty y (Me)jentyirty, ambos personifican al dios halcón con el ojo sano en el primer caso y enfermo, en el segudo.

ÚREUS
Úreus fue el término empleado por Horapolón, un estudioso que vivió en el Alto Egipto en la segunda mitad del siglo V d.C., y que ofreció una interpretación ideográfica de la escritura jeroglífica en su tratado Hieroglyphica. Este término se ha mantenido desde entonces para designar a la serpiente protectora que se encontraba en la frente de Ra, de algunas deidades solares del panteón y del monarca. Simbolizaba majestad, divinidad, la luz y se puede distinguir, bajo la forma de la diosa Uadyet, -tradicional diosa del Bajo Egipto- con seguridad desde el periodo de Nagada III.

Puede aparecer en forma de amuleto, en enterramientos no reales. En estos casos servía para otorgar al difunto la protección de la realeza con todos los beneficios que esto conllevaba.

UROBOROS
Uroboros es el nombre que dieron los griegos a una serpiente que aparece mordiéndose la cola, formando un círculo. Literalmente significa “(Con) la cola en la boca”; también puede interpretarse “fuera de la oscuridad” (del océano primordial).


Simbolizó la eternidad, el retorno cíclico, lo que no tiene principio ni fin, es decir la idea de que cuando algo finaliza vuelve a comenzar, en eterna repetición. Fue un modo de representar la continuidad de la vida, la totalidad, el tiempo indefinido.

Al igual que el huevo o las barcas, fue un símbolo que sirvió para encarnar el vehículo del dios, su morada. A este simbolismo hay que añadirle la de la serpiente, que en Egipto tenía conexión con el renacimiento y el rejuvenecimiento, la inmortalidad, el resurgir eterno.
La primera representación conocida del uroboros se encuentra en la segunda capilla del rey Tut-Anj-Amón, donde aparece una figura momiforme con dos serpientes que se muerden la cola, una situada en la cabeza y otra en los pies. La primera se denomina Mehen. Es el dios primordial que vino a la existencia y también está presente en la hora duodécima de la noche. En su interior aparece con frecuencia la imagen de un niño chupándose el dedo de la mano que emerge de la espalda de dos leones yuxtapuestos, símbolo de las dos colinas lindantes al Este y al Oeste de Egipto. Esta imagen no es más que un modo de expresar el sol en su nacimiento.

USEJ
El Usej era un collar de oro con cualidades protectoras que estuvo relacionado con Hathor. Aparece en una gran cantidad de relieves y en todos ellos se encuentra como una ofrenda destinada a los dioses.

También se colocaba sobre las momias ya que, por su relación con la diosa vaca, este instrumento mágico permitía obtener la eternidad, la resurrección y proteger a su portador de los enemigos que quisieran causarle algún mal.
Parece que el origen de esta joya ha de buscarse en un antiguo collar vegetal que tenía nueve filas de pequeñas de plantas, que bien pudieran ser lotos u otro tipo de flor, siempre que desprendieran un olor agradable. Posteriormente, al ser reproducido por los orfebres, se trabajó en oro y los textos especifican que debía ser de oro, adornado con piedras preciosas y lapislázuli.
El collar se denominó en ocasiones “guirnalda de Atum” y las nueve filas que lo componían aparecen citadas de varias formas: “la efigie de la enéada”, “Atum reunido con sus niños” o “guirnalda de Jepri”. Todos los apelativos son solares y con estos nombres se “cargaba” al collar con mayor significado y poder. Las fuerzas de Hathor se unían a las del creador Atum y las de la Enéada de Heliópolis.

USHEBTIES (SHABTIES, SHAUABTI)
Su nombre varió a medida que la lengua y la escritura fueron evolucionando. Durante el Reino Medio se denominaron Shabtis, en el Reino Nuevo Shauabtis y a partir del Período Tardío Ushebtis, nombre generalizado en la mayor parte de los manuales de religión egipcia. Su nombre procede el verbo Shwbty que significa responder.

Los primeros ejemplares proceden de la tumba de Gua en Bersha, donde se cita un texto para fabricarlos.

Los ushebtis o “los que responden” eran unas figurillas que representaban al propio difunto; aparecieron en el Reino Medio y formaban parte de todo ajuar funerario que se preciara. Tenían aspecto momiforme y llevaban los útiles de labranza en las manos. Durante el Reino Medio llevaban además una inscripción con el ensalmo 472 del los Textos de los sarcófagos y durante el Reino Nuevo el capítulo 6 del “Libro de los Muertos”, titulado Fórmula para que un ushebti ejecute los trabajos para alguien en el Más Allá,. es decir, para que en nombre del fallecido la figura sustituyera al difunto una vez que éste se encontrara en los Campos de Ialu o campos del Más Allá, ya que aquí podía ser requerido para que trabajara y obtener su sustento, aunque otros ejemplares simplemente llevaban el nombre del difunto y sus títulos.

Durante el Reino Nuevo, el número de ushebties que se introducían en la tumba se incrementó de forma espectacular y es frecuente encontrar 365 figurillas, una para cada día del año. Además podían añadirse 36 capataces, que comandaban cada una de las cuadrillas compuestas por 10 “trabajadores”, jefes de mes, etc. A éstos se les suele distinguir por llevar un faldellín en lugar de tener forma de momia. Por si todo esto fuera poco, se podían incorporar un número variable de figurillas que actuaban a modo de suplentes y que representaban a trabajadores con funciones especializadas. Toda una plantilla de trabajadores para asegurarse el ocio en el Más Allá.

Los ushebties podían introducirse dentro de una caja de madera, llamada Caja de Ushebties. Las hay muy sencillas, sin apenas textos ni decoración, y muy complicadas, donde el difunto o la difunta aparece en acto de adoración ante una o varias divinidades. Algunos ejemplares de ushebties, durante el Reino Nuevo, llegaron a introducirse en sarcófagos en miniatura.
Los ushebtis del Reino Medio tuvieron como antecedentes toda una serie de estatuas policromadas de madera que representaron a sirvientes llevando a cabo distintas actividades tales como moler el grano, hacer cerveza, cortar carne, pescar, o tejer.
En Época Tardía estas figurillas fueron elaboradas masivamente, incrementándose su número y uso en las tumbas de dicho periodo.

VACA
La vaca es un bóvido que fue domesticado desde muy temprano y que en Egipto significó la maternidad y la fertilidad. Para los egipcios fue un animal protector y benefactor. Por ello, muchas diosas vacas se relacionaron desde sus orígenes con el concepto de maternidad y con esta forma animal aparecen con frecuencia representadas en los monumentos. Entre las diosas que más se caracterizan por adoptar este aspecto citaremos a Isis, Nut, Hathor y Bat.
La vaca era la madre del rey y le alimentaba con la energía de su leche nutricia ya que era una diosa eminentemente positiva y protectora pero además, era la madre del difunto al que también alimentaba.

También se interpretó a la vaca como la bóveda celeste, existiendo un texto denominado “Libro de la Vaca Celeste” que se recogió por primera vez bajo el reinado de Tutanjamón. Una de las concepciones egipcias sobre la formación del cielo suponía que éste se situaba en la panza de una gran vaca y que sus patas servían para separar el cielo de la tierra. Se entendía que la vaca se tragaba el Sol al llegar la noche y que éste recorría su cuerpo para, en la mañana, ser dado a luz por esta deidad, naciendo completamente renovado. Sobre la panza de la vaca estaban las estrellas, y el espacio creado entre el cuerpo y las patas era el lugar donde se encontraba el dios del aire Shu, que la ayudaba a sustentarse y a mantener cielo y tierra separados conformando un espacio donde habitaran los seres vivos. En este sentido, otra leyenda cuenta que la vaca soportó al Sol en su lomo hasta llevarlo a la colina primigenia en el momento de la creación.

Algunas vacas fueron sagradas en Egipto y sólo ciertos ejemplares fueron la encarnación terrestre de algunas diosas, debido a las características especiales del color de su pelaje, manchas, etc; como tales, tenían el privilegio de enterrarse cuidadosamente embalsamadas en un enterramiento particular.
Relacionada con la realeza y la procreación se la denominó “La Gran Vaca Salvaje” mientras que al rey se le identificó con “el Toro Salvaje”.

VARA
Considerar cuáles fueron bastones de mando en el Antiguo Egipto no es tarea fácil ya que esta característica concierne a un número importante de varas que se encuentran en las manos de reyes, personajes de alto rango y dioses o diosas como emblemas divinos, de poder o procesionales.
Tenían aspectos distintos. Unos eran simples palos sin forma determinada mientras que otros adoptaron el aspecto de un cánido, por ejemplo, en la parte superior. En la inferior podían no estar trabajados, presentar forma de horquilla en herradura o una doble división, por citar algunos ejemplos.

Estos “bastones de mando” también se hallaron en los enterramientos, a modo de amuletos, que ofrecían al fallecido su poder, sobre todo en el Reino Medio.

En el terreno divino se encuentran en la mano de las divinidades masculinas y de hombres importantes, aunque algunas (como el Uady) también lo sujetan las diosas y mujeres.

VASO NEMSET
Vaso empleado para purificaciones y usado en procesiones y fiestas, sobre todo en el Año Nuevo y en la Ceremonia de la “Apertura de la Boca”. Estaba relacionado con el dios Osiris y con el océano primordial puesto que tanto el dios del Más Allá como las aguas primordiales eran las responsables de la fecundación de la tierra egipcia en el Año Nuevo. El agua procedente de la crecida era especialmente sagrada y debía ser contenida en unos recipientes especiales, es decir, en estos vasos nemset, los cuales, podían tener en la parte superior la cabeza de una divinidad.


La representación más antigua que se conoce de vasos de este tipo se encuentra en el muro Oeste de la sala de Ofrendas del templo de Luxor, correspondiente al reinado de Amenhotep III. También aparecen en contextos funerarios y divinos a modo de ofrenda, bien llevados por los dioses en la mano, por el rey, por un sacerdote, o colocados sobre un velador.
Otro tipo de receptáculos para recoger agua fría de Nilo, procedente de la crecida son las conocidas cantimploras que surgen a partir del siglo VII a.C.

VASOS CANOPOS
Los vasos canopos eran unos recipientes donde se introducían las vísceras del difunto cuidadosamente retiradas del cuerpo, momificadas y vendadas. Su nombre se debe a la confusión entre estos vasos con otros encontrados en la ciudad de Canopo que poseían una cabeza humana en la tapa.

De la Dinastía IV proceden los primeros órganos retirados del cuerpo, momificados y depositados en un recipiente. Pertenecieron a la reina Heteferes, madre del rey Jufu (Keops). Por aquel entonces los “vasos” no eran tales sino que las vísceras se introdujeron en una caja de alabastro dividida en cuatro compartimentos, donde se hallaron restos orgánicos y Natrón, el agente conservante/desecante que se empleaba para la momificación.
A partir del Reino Medio las entrañas se colocaron en el interior de cuatro vasos independientes con la efigie del difunto y bajo la protección de los “Hijos de Horus”: Amset, Hapi, Duamutef y Kebhsenuf, y a partir de la segunda mitad del Reino Nuevo sus tapaderas toman la forma de estos dioses. A su vez, cada vaso quedaba bajo la protección de una diosa específica. Amset tenía cabeza humana, se situaba al Sur y guardaba el hígado. La diosa que lo protegía era Isis. Hapi, tenía cabeza de mono, se situaba al Norte y guardaba los pulmones. La diosa que lo protegía era Neftis. Duamutef tenía cabeza de chacal, se situaba al Este, siendo su diosa tutelar Neit, y guardaba el estómago y finalmente Kebhsenuf con cabeza de halcón, se situaba al Oeste y guardaba el intestino. La diosa que lo protegía era Selkis.
Al finalizar el Reino Nuevo, la costumbre de introducir los órganos en estos vasos cesó y a partir de este momento se volvieron a colocar en el interior de las momias, una vez momificados aparte. Sin embargo, los vasos canopos se siguieron utilizando, aunque entonces fueron macizos, dejando de tener un sentido práctico pero conservando su sentido mágico.

VID
Como en otras culturas, esta planta trepadora de ramas flexibles se relacionó con los asuntos amorosos ya que de él se obtiene la uva que sirve para elaborar el vino estando a su vez vinculado con la sangre y con la muerte.

En Egipto los vinos y las áreas de Tebas y del Delta fueron muy apreciados. Como ejemplo baste citar dos escenas: la primera es la llamada Tumba de las Viñas en Tebas (TT96), perteneciente a Sennefer, en ella el techo está cubierto por hojas de vid y racimos de uvas. La segunda, la tumba de Najt (TT52), donde hay una bellísima representación de hombres recolectando y pisando las uvas para elaborar el vino. Ambas son del Reino Nuevo.

VINO
Los egipcios fueron amantes del vino y lo emplearon no sólo para el consumo sino también para ceremonias religiosas llegando a constituir un símbolo en sí mismo e incluyéndolo en su mitología; incluso fue empleado en prácticas médicas.


En el Valle del Nilo conocieron distintas calidades de vino, tanto de producción autóctona (del Valle y especialmente de los oasis) como traídos desde lugares lejanos, tanto tintos como blancos y el de calidad fue una prerrogativa real. Su concentración dependía de la cantidad de agua que se añadiese una vez servido, una costumbre muy habitual en Egipto.
Aunque existió el vino de uva, el más común era el de palma, un caldo fuerte con un 14 % de alcohol etílico.
En las representaciones de las tumbas privadas, sobre todo de Tebas durante el Reino Nuevo, donde podemos ver distintos procesos de elaboración del vino e incluso las hojas de vid y los racimos de uvas, como ocurre en la tumba de Sennefer Empleado en medicina se utilizó como desinfectante, además de ser un remedio para la tos (mezclado con sal), para abrir el apetito, para combatir el asma o como analgésico (acompañado de eneldo), entre otros usos.
En el plano mitológico fue un símbolo de juventud y de vida eterna y formó parte imprescindible de las ofrendas que se presentaban a los difuntos y a los dioses. Por otro lado, la uva tenía conexiones con la fertilidad y con el amor y estaba relacionada con la sangre por la aparente semejanza entre ambos.
En opinión de Poo el vino fue la forma de romper la barrera entre la vida y la muerte, entre lo secular y lo divino, convirtiéndose en una sustancia preciosa e imprescindible en todas las ceremonias religiosas del Antiguo Egipto. Es posible que se empleara como un medio de comunicarse con la divinidad, ya que dejaba al individuo en un estado propicio para ello.
Ciertas leyendas mitológicas relataban que el vino provenía de los ojos divinos de Horus. Sin embargo también tuvo otras conexiones importantes y se asoció a la diosa Hathor “Señora de la Embriaguez” ya que ésta estaba relacionada con el amor y la fertilidad. Quizá tal analogía sea una de las más claras, pues el abuso de cualquier bebida alcohólica embriaga los sentidos y hace desinhibir la personalidad, hechos muy unidos con el amor y el deseo. Por otro lado el aspecto colérico de Hathor era la diosa leona Sejmet y esta bebida era la que se presentaba ante divinidades solares que, como ella, había que aplacar.
El vino también se identificó con Osiris. Se entendió que las uvas, de donde se extraía el jugo, eran la muestra de la simbólica resurrección del dios y el comienzo de un nuevo ciclo de vida.
Vinculado al cielo, se asoció a Nut y a Shesmu un dios encargado de la prensa del vino que también se le cita como “Señor de la Sangre”. Era un dios beneficioso pero maligno para aquellos que hubieran sido considerados pecadores y se encargaba, bajo las órdenes de Osiris de cortar a los fallecidos, arrancarles sus cabezas y prensarlas, a modo de uvas, para obtener de ellas vino que ofrecer al monarca difunto. Este acontecimiento provocaba el aspecto rojizo del cielo en la puesta del sol y en este papel se identificó con la serpiente Apofis.
Aunque los egipcios recomendaron a sus sacerdotes que fueran parcos en la bebida, parece que durante ciertas celebraciones el vino corría y se consumía con gran facilidad. No parece que estuviera mal visto la embriaguez ritual en ciertas ceremonias.